La idea de Javier bailando el vals junto a sus padres durante su ceremonia de graduación conmovió a miles de personas en redes sociales. No solo porque fue el único alumno que recibió su certificado de preescolar, sino porque detrás de esa escena se encuentra una realidad que desde hace años golpea a la región de la Montaña de Guerrero: la pobreza, la migración forzada, la falta de oportunidades y un rezago educativo que, lejos de disminuir, se ha agravado.
Javier fue el único egresado de la generación 2025-2026 de la escuela comunitaria “Niños Héroes”, perteneciente al Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), ubicada en una comunidad de Cochoapa el Grande, Guerrero. Durante la ceremonia de fin de cursos bailó el tradicional vals acompañado por sus padres y por dos alumnas de la misma escuela, mientras estudiantes de primaria participaron en el acto de clausura. Las fotografías del evento se viralizaron rápidamente por la singularidad de que toda una ceremonia de graduación estuviera dedicada a un solo niño.
Sin embargo, el caso está lejos de ser una simple anécdota. Especialistas y organizaciones que trabajan en la región advierten que es el reflejo de un problema estructural que afecta desde hace décadas a una de las zonas más pobres de México.
Cochoapa el Grande se ubica en la región Montaña de Guerrero, integrada por municipios indígenas con algunos de los índices más altos de marginación del país. Históricamente, este municipio ha aparecido entre los primeros lugares nacionales en rezago social, pobreza extrema y carencias educativas. El propio Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) lo ha identificado como uno de los municipios con mayores niveles de rezago social en México.
El Programa Regional Montaña 2022-2027 del Gobierno de Guerrero señala que la región enfrenta actualmente un rezago educativo del 33 por ciento, además de altos niveles de pobreza, escasez de empleo, falta de servicios básicos y migración constante de familias enteras hacia el norte del país para trabajar como jornaleros agrícolas.
Este dato resulta especialmente preocupante porque representa un retroceso respecto a años anteriores. De acuerdo con las estimaciones del Coneval, durante el sexenio 2012-2018 el porcentaje de rezago educativo en Guerrero descendió gradualmente hasta ubicarse en aproximadamente 23.7 por ciento en 2018, producto de una tendencia de reducción observada entre 2008 y ese año.
Actualmente, distintos diagnósticos estatales ubican el rezago educativo de la región Montaña alrededor del 33 por ciento, lo que evidencia un deterioro importante en las condiciones educativas de la zona y un incremento cercano a diez puntos porcentuales respecto a los niveles alcanzados al cierre del sexenio anterior.
Diversas organizaciones atribuyen esta situación principalmente a la migración temporal de miles de familias indígenas. Cada año, padres de familia viajan junto con sus hijos hacia estados del norte del país para trabajar en campos agrícolas durante varios meses. Muchos niños interrumpen sus estudios durante ese periodo y otros simplemente ya no regresan a las aulas.
A esta problemática se suman las dificultades que enfrentan los propios docentes comunitarios del Conafe. En enero de este año realizaron un paro para denunciar que reciben apoyos mensuales cercanos a los cinco mil pesos, con retrasos en los pagos, sin prestaciones laborales como servicio médico o aguinaldo y con escasez de materiales didácticos para impartir clases en las comunidades más apartadas de Guerrero.
De acuerdo con evaluaciones del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), Guerrero registra más de un millón de personas en situación de rezago educativo, considerando a quienes no saben leer ni escribir, no concluyeron la primaria o tampoco terminaron la secundaria. En municipios como Cochoapa el Grande, el índice de rezago educativo supera incluso el 80 por ciento entre la población objetivo medida por el instituto, colocándolo entre los más afectados del estado.
Mientras Javier celebró haber concluido el preescolar rodeado de sus padres y de toda una comunidad que organizó una ceremonia especialmente para él, su historia también exhibe uno de los mayores desafíos que enfrenta México: garantizar que los niños puedan permanecer en la escuela sin que las condiciones económicas de sus familias los obliguen a abandonar sus estudios desde los primeros años de formación.