
El 27 de agosto, los habitantes de Uruapan, Michoacán, contuvieron el aliento tras el anuncio del presidente municipal, Carlos Manzo Rodríguez. A través de redes sociales, el edil confirmó la captura de un temido narcotraficante mexicano, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La noticia desató una ola de confusión, ya que el alcalde no especificó si se trataba de un líder regional o de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. El miedo se apoderó de la zona, pues el anuncio activó el Código Rojo y la autoridad pidió a la población resguardarse en sus hogares, solicitando el apoyo del Gobierno Federal y las fuerzas armadas.
Horas después, se confirmó que el detenido era René Belmontes Aguilar, alias “El Rino”, también conocido como “El Chamuco”, jefe de plaza del CJNG. Fue capturado por policías municipales junto a un cómplice, presuntamente originario de Tancítaro. La detención se realizó durante un operativo de revisión en la carretera Uruapan–San Juan Nuevo, cerca de la colonia Jardines del Pedregal. Los presuntos criminales viajaban en un vehículo donde transportaban armas, cartuchos, dosis de metanfetamina, dinero en efectivo, una antena de internet satelital y un dron, presuntamente utilizado para lanzar explosivos.
Las primeras imágenes compartidas en redes sociales mostraban a los dos sujetos maniatados, con el rostro cubierto con sus propias playeras, sentados en la parte trasera de una patrulla.
Alrededor de las cuatro de la tarde, el alcalde Manzo Rodríguez confirmó la doble captura y declaró el Código Rojo, que se mantuvo vigente hasta la mañana del 28 de agosto. Su llamado fue directo: pidió apoyo al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, a la Guardia Nacional, al Ejército Mexicano y a la Marina. El edil reiteró que su administración no tiene pactos con ningún grupo criminal y que cualquier delincuente sería puesto a disposición de las autoridades.
Avanzada la tarde-noche, la tensa calma persistía en Uruapan. Manzo Rodríguez continuó informando sobre más detenciones de sujetos armados con ropa táctica que habrían intentado irrumpir en el municipio. Alrededor de las 11 de la noche se concretó la entrega de “El Rino” y su cómplice a elementos de la Fiscalía General de la República (FGR), quienes los trasladaron a Morelia para quedar a disposición del Ministerio Público Federal.
La figura de René Belmontes Aguilar no es menor. Fuentes de seguridad lo ubican como el tercero al mando del Cártel Jalisco en los municipios de Nuevo San Juan Parangaricutiro, Uruapan y Tingambato, además de ser jefe operativo en corredores rurales. Ambas descripciones coinciden en que se trata de un operador de alto nivel con capacidad de mando sobre células armadas.
El historial criminal de Belmontes Aguilar se extiende a su familia: tiene seis hermanos con antecedentes delictivos, todos originarios de Parácuaro: Jorge (“El Toro”), Tito (“El Tiburón”), Salvador (“El Pestaño”), Anastasio (“El Ruso o El Plátano”) y Moisés (“El Moy”). Todos ellos son acusados de secuestro, desaparición forzada, extorsión y homicidio.
Informes narran que en 2013, los hermanos Belmontes Aguilar se hicieron pasar por autodefensas y se unieron al grupo de Miguel Ángel Gallegos Godoy, alias “Migueladas”. Sin embargo, la alianza fue corta y, tras la muerte de Anastasio, fueron reclutados por el CJNG.
En los organigramas delictivos, los alias tienen tanto peso como los apellidos. Hace unos meses, se le encomendó a René encabezar un grupo del Cártel Jalisco en Nuevo San Juan y Uruapan. Por encima de él, se encontraban “La Fresa”, jefe de plaza, y “El 6”, jefe regional. En el brazo armado, “El Rino” respondía a Ramón Álvarez Ayala, “El R1”. Esta cadena de mando explica por qué la captura de un solo eslabón tensó la estructura, generando un riesgo latente de reacomodos violentos.
Los reportes de inteligencia confirman ataques armados y el uso de explosivos contra poblaciones y personal militar en la frontera entre Michoacán y Jalisco, un área conocida como “corredor de la muerte”. Los aseguramientos, como el dron con explosivos y los videos de hombres armados, encajan con la táctica de golpear desde la altura, moverse por la sierra y desaparecer.
Uruapan es un punto estratégico: es el segundo corazón de Michoacán y una conexión vital entre Tierra Caliente, el centro del estado y las salidas al Pacífico. Por sus carreteras circulan drogas, armas y dinero, pero también el “oro verde”, el aguacate, un negocio multimillonario donde la extorsión y el cobro de piso buscan expandirse. En esta zona coexisten y se enfrentan diversas organizaciones criminales como el CJNG, los Caballeros Templarios, los Viagras, Blancos de Troya, Pueblos Unidos y Cárteles Unidos. Por ello, la caída de un operador de alto nivel mueve el “centro de gravedad” de la región, propiciando venganzas e incursiones.
Tras la activación del Código Rojo, las autoridades locales reforzaron la seguridad. Elementos de la Guardia Civil, Guardia Nacional, Ejército, Marina y personal de la FGR sellaron entradas y salidas, vigilaron corredores sensibles y se enfocaron en proteger a la población.
Ahora que el detenido está bajo jurisdicción federal, la FGR debe armar la carpeta de investigación, definir la cadena de custodia de lo asegurado e imputar cargos por delincuencia organizada y posesión de armamento de uso exclusivo de las fuerzas armadas.
A nivel local, la consigna es mantener la guardia alta. Los retenes y la vigilancia en áreas sensibles continúan para evitar confrontaciones y bajas civiles. Para Uruapan, el desafío inmediato es proteger la vida diaria de sus habitantes, pues los cierres preventivos son la respuesta a un riesgo real de una irrupción armada que podría cobrar la vida de civiles inocentes.