El pasado 16 de enero, un caso conmocionó a la comunidad de Inglewood, California, se volvió viral tras la difusión de un video angustiante que muestra a una trabajadora de una guardería lanzando un zapato contra una niña de 5 años con autismo, golpeándola en la cabeza mientras rompía en llanto, según imágenes captadas por cámaras de seguridad de la guardería Destiny Development Center.
Las escenas que circulan en redes sociales desde su publicación no solo muestran el acto de violencia, sino también la pasividad de dos empleadas que presenciaron la agresión e incluso se rieron mientras la menor llora desconsolada.
La madre de la niña, Michelae Jones, relató a medios locales que fue su propia hija quien le contó lo sucedido la misma noche en que ocurrió el incidente. Preocupada, Jones pidió acceso a las grabaciones de seguridad ya que, tras el golpe, empleados alegaban que fue a causa de una caída que tuvo la niña, después de más de dos semanas se le entregaron las grabaciones y pudo ver el material que confirmó la versión de su hija.
“Realmente pensé que mi bebé estaba a salvo con ellos”, expresó Jones.
La directora del centro, Danielle Williams, emitió un comunicado en el que aseguró que las tres empleadas filmadas fueron separadas de sus funciones mientras se lleva a cabo una investigación interna y se siguen los protocolos legales correspondientes. Según Williams, la persona que arrojó el zapato afirmó que su intención no era golpear a la niña, sino “asustarla”, versión que ha sido duramente criticada por la familia y expertos en cuidado infantil.
Por su parte, la familia de la menor ha dejado claro que el despido del personal no es suficiente: exigen que se presenten cargos penales por maltrato infantil y que se tomen medidas que eviten que situaciones similares vuelvan a ocurrir en centros dedicados al cuidado de niños.
El Departamento del Sheriff del Condado de Los Ángeles confirmó que investiga el incidente, aunque hasta ahora no se han anunciado arrestos ni demandas formales. La comunidad observa de cerca el caso, que ha reavivado el debate sobre la seguridad y supervisión en guarderías, especialmente aquellas que atienden a menores con necesidades especiales.