Usuarias del transporte público denunciaron en redes sociales un presunto caso de acoso ocurrido en la Línea 2 del Metro de la Ciudad de México, según los testimonios, un hombre de origen sudamericano habría incomodado y hostigado a varias pasajeras dentro de los vagones. De acuerdo con los reportes difundidos, las mujeres señalaron que, por miedo, entregaron dinero al sujeto para que se alejara y afirmaron que al buscar apoyo no encontraron de inmediato a elementos de vigilancia ni de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México.
Hasta el momento, no se ha informado oficialmente sobre la detención de alguna persona relacionada con este señalamiento; sin embargo, el caso volvió a encender la conversación sobre la inseguridad de las mujeres en el transporte público y la reacción de las autoridades ante reportes de acoso.
No se trata de un hecho aislado, en México, miles de mujeres han declarado haber vivido alguna forma de acoso en espacios de transporte colectivo. Encuestas nacionales de seguridad urbana han señalado de forma constante que una proporción significativa de usuarias ha experimentado miradas lascivas, insinuaciones, tocamientos o persecución en traslados diarios. No obstante, el número de denuncias formales es mucho menor: solo una fracción de los casos termina en una carpeta de investigación ante el Ministerio Público.
Aunque muchos incidentes se vuelven virales en redes sociales, autoridades y organizaciones civiles subrayan que la denuncia formal es clave para que exista registro, investigación y posible sanción. Sin denuncia, el hecho difícilmente puede ser perseguido.
Las víctimas pueden denunciar de varias formas: solicitar apoyo inmediato a personal del Metro o policías en andén, activar botones de auxilio, pedir que el presunto agresor sea presentado ante el Ministerio Público, o acudir posteriormente a la fiscalía correspondiente. También existen líneas telefónicas y módulos de atención a víctimas donde se brinda acompañamiento legal y psicológico.
Denunciar no solo busca castigo: permite identificar patrones, zonas de riesgo y agresores reincidentes. Visibilizar ayuda, pero denunciar formalmente protege.