Luego del operativo realizado en el Refugio Franciscano, autoridades de la Ciudad de México rescataron 858 perros, además de otros animales, tras detectar condiciones de hacinamiento, problemas sanitarios y presunto maltrato. El caso generó una fuerte reacción social y abrió un debate sobre la capacidad institucional para garantizar el bienestar animal después de los aseguramientos.
Tras el rescate, los animalitos fueron distribuidos en distintos espacios temporales. De acuerdo con cifras oficiales, 304 perros fueron trasladados al Albergue Ambiental del Ajusco, 371 quedaron bajo resguardo de la Brigada de Vigilancia Animal, y 183 perros fueron llevados a un refugio temporal habilitado en la Utopía de la alcaldía Gustavo A. Madero. Además, varios animales permanecen hospitalizados o en clínicas veterinarias debido a lesiones, desnutrición y enfermedades previas.
Es precisamente la situación de los 183 perros en la Utopía de la GAM la que ha encendido las alarmas. Activistas, rescatistas y ciudadanos han difundido imágenes y testimonios que señalan condiciones improvisadas, albergue dentro de un espacio en obra negra, animales enjaulados en transportadoras, con movilidad limitada y sin acceso regular a áreas abiertas. Estas versiones contrastan con el discurso oficial que asegura que los perros se encuentran en proceso de adaptación y bajo supervisión veterinaria.
Ante la presión social, colectivos de protección animal, rescatistas independientes y organizaciones civiles han exigido transparencia, acceso a los refugios y la reubicación inmediata de los animales a espacios adecuados o su canalización a asociaciones especializadas. En redes sociales se han impulsado campañas de denuncia, solicitudes de adopción responsable y llamados a la intervención de instancias como la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT).
Por su parte, el Gobierno capitalino ha informado que se realizan revisiones veterinarias constantes, atención médica a los animales lesionados y adecuaciones graduales en los espacios temporales. Asimismo, autoridades han señalado que se trabaja en esquemas de adopción, colaboración con rescatistas y mejora de infraestructura para evitar el hacinamiento.
El caso del Refugio Franciscano dejó en evidencia no solo las condiciones en las que vivían cientos de animales, sino también los retos que enfrenta la ciudad para responder de manera efectiva y digna tras un rescate masivo. Mientras tanto, la situación en la Utopía de la GAM continúa bajo el escrutinio público, con una exigencia clara: que el bienestar animal sea prioridad y no una solución improvisada.