Tequila, Jalisco, no solo es uno de los símbolos más reconocibles de México en el mundo; en los últimos meses también se ha convertido en un territorio donde el poder político y el crimen organizado se cruzan de forma cada vez más visible. La designación de Lorena Marisol Rodríguez como nueva alcaldesa interina ocurre en ese contexto: el de una crisis institucional detonada por la detención del exalcalde Diego Rivera Navarro, acusado de delincuencia organizada, lavado de dinero, extorsión a empresarios tequileros y vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Rivera Navarro fue detenido tras una investigación federal que lo ubica como pieza clave en una red de control político y económico sobre el municipio, particularmente sobre el sector tequilero, una de las principales fuentes de ingresos de la región. Su caída dejó un vacío de poder que el Congreso local resolvió con la designación de Rodríguez como edil interina, una figura que, lejos de llegar sin cuestionamientos, ha estado envuelta en polémica desde el primer día.
Lorena Marisol Rodríguez no es una desconocida en la política local. Proviene del mismo entorno institucional que hoy intenta marcar distancia del exalcalde detenido. De acuerdo con su propio discurso, su llegada representa un intento de “estabilidad y continuidad administrativa”, más que una ruptura radical con el pasado inmediato. En entrevistas recientes, ha señalado que su prioridad es garantizar gobernabilidad y evitar que Tequila caiga en una parálisis política tras el escándalo.
Sin embargo, sus declaraciones han generado incomodidad. A pesar de que la Fiscalía y las investigaciones federales documentaron extorsiones sistemáticas a empresarios tequileros, Rodríguez aseguró públicamente que no existen actualmente extorsiones en el municipio, una afirmación que contrasta con los cargos que enfrenta su antecesor y con los testimonios que han circulado en investigaciones periodísticas. Para críticos y analistas locales, esta postura minimiza una problemática estructural que no desaparece con un relevo administrativo.
A ello se suma un elemento que ha impactado en la percepción pública de su figura: la difusión de videos en los que aparece cantando narcocorridos, material que rápidamente se viralizó en redes sociales y generó cuestionamientos sobre la cercanía simbólica (al menos cultural), con la narrativa del crimen organizado. Rodríguez ha evitado profundizar en el tema, argumentando que se trata de episodios de su vida privada previos a su actual encargo, aunque el señalamiento persiste en un municipio marcado por la violencia y el control criminal.
La llegada de Lorena Marisol Rodríguez, entonces, no ocurre en terreno neutro. Tequila enfrenta una crisis de confianza institucional donde la detención del exalcalde no ha cerrado las preguntas sobre la penetración del crimen organizado en el gobierno local. Su administración comienza bajo la exigencia de demostrar que no se trata solo de un relevo formal, sino de una oportunidad real para romper con una estructura de poder que, durante años, operó entre el silencio oficial y el miedo empresarial.