En Veracruz, familiares de pacientes del área de Oncología del Hospital Infantil mantienen protestas y bloqueos viales ante la persistente falta de medicamentos, insumos y equipo médico, situación que, aseguran, ha provocado la cancelación de cirugías, retraso en estudios clínicos y suspensión de tratamientos, principalmente en niñas y niños con cáncer.
La manifestación más reciente ocurrió el pasado 21 de enero, cuando padres y madres bloquearon la avenida 20 de noviembre, donde se localiza el hospital, para exigir una respuesta inmediata de las autoridades de salud. La protesta se dio diez días después de que Roberto Ramos Alor, delegado del IMSS-Bienestar en Veracruz, reconociera públicamente que existe desabasto de medicamentos y deficiencias en la atención médica, y señalara que los cambios en el suministro no se reflejarían de forma inmediata.
De acuerdo con los familiares, las carencias se arrastran desde diciembre de 2025. Denuncian que hay menores que esperan cirugías desde el 15 de diciembre, las cuales no se han realizado por la falta de material quirúrgico, anestesia, catéteres y equipo especializado. También señalan que algunos pacientes acuden a consulta y son regresados sin atención porque no hay insumos básicos, mientras que otros no han podido recibir procedimientos indispensables como el retiro de catéteres o estudios de diagnóstico.
Los manifestantes aseguraron que desde el lunes 19 de enero han expuesto estas irregularidades ante medios de comunicación sin obtener respuesta efectiva por parte de las autoridades. En ese contexto, acusaron directamente a Ramos Alor, al señalar que no es la primera vez que el Hospital Infantil enfrenta este tipo de crisis bajo su gestión, pues durante su paso como Secretario de Salud de Veracruz entre 2018 y 2022 ya se registraban problemas de desabasto de medicamentos, particularmente oncológicos.
Las familias también señalaron que existen denuncias ante la Fiscalía General de la República (FGR) y quejas interpuestas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por lo que consideran negligencia grave, al asegurar que la falta de atención y de insumos ha puesto en riesgo la vida de los menores. Algunos padres han llegado a calificar la situación como una violación sistemática al derecho a la salud de niñas y niños.
La protesta se da además en contraste con declaraciones oficiales recientes. El 12 de enero, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, difundió en redes sociales que en el estado se había logrado la distribución de más de 10 millones de medicamentos y material de curación, alcanzando un supuesto 90 por ciento de abasto en centros de salud y hospitales. Sin embargo, los familiares afirmaron que esa información no coincide con la realidad del Hospital Infantil, al que describieron como un “hospital de altas carencias”.
Entre los señalamientos más graves, los padres denunciaron que equipos como tomógrafos y otros aparatos de diagnóstico no están operando, lo que ha retrasado la detección y seguimiento de enfermedades oncológicas. Incluso relataron el fallecimiento reciente de un menor que no pudo recibir a tiempo un estudio clínico por la falta de equipo, hecho que incrementó la indignación de las familias.
El desabasto no es un problema menor. De acuerdo con datos expuestos previamente por los propios afectados, en la farmacia del hospital, que maneja un catálogo aproximado de 1,224 medicamentos, se llegó a reportar un faltante de hasta el 70 por ciento, principalmente en fármacos especializados y oncológicos. Pese a los anuncios de mejora en el suministro, los familiares aseguran que más de un mes después los niños siguen sin recibir avances reales en sus tratamientos.
Hasta el momento, las autoridades del IMSS-Bienestar no han presentado un calendario público verificable para la regularización del abasto ni para la reactivación total de cirugías y estudios clínicos en el Hospital Infantil de Veracruz. Las familias advirtieron que continuarán con protestas y bloqueos si no se atienden de manera inmediata las necesidades del hospital, al señalar que cada día de retraso pone en riesgo la vida de los pacientes pediátricos.