El presidente Donald Trump inauguró este jueves en Washington D.C. la primera reunión de la Junta de Paz, un organismo internacional creado por él para apoyar la reconstrucción de la Franja de Gaza tras la guerra con Hamas y, según su visión, abordar otros conflictos globales. En su discurso de apertura anunció que Estados Unidos aportará 10 mil millones de dólares como inversión inicial para el funcionamiento del organismo.
Trump definió la Junta como una entidad cuya misión es “promover estabilidad y una paz duradera en áreas afectadas por conflictos”, empezando por Gaza y con el objetivo de extender su alcance a otros conflictos internacionales. El mandatario la presentó como una iniciativa complementaria, y en algunos comentarios percibida en la práctica como alterna, a los mecanismos tradicionales como las Naciones Unidas.
En el acto participaron más de 40 países en calidad de miembros o como observadores, con representación de diversas regiones del mundo. Entre los asistentes confirmados estuvieron líderes o delegaciones de países como Argentina, Paraguay, Arabia Saudita, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Uzbekistán, Bahréin, Catar, Pakistán, Marruecos, Jordania, Bielorrusia, Bulgaria y Kosovo. Además, la Unión Europea asistió como observadora.
Trump mencionó en su intervención que varios países habían comprometido alrededor de 7 mil millones de dólares adicionales destinados a ayuda y reconstrucción en Gaza, provenientes de naciones como Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bahrein, Catar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait.
En su discurso, Trump también volvió a aludir a Irán, insistiendo en la necesidad de que Teherán llegue a “un acuerdo significativo” que detenga su programa nuclear, advirtiendo que, de no hacerlo, “pueden ocurrir cosas malas”.
Sobre la naturaleza y propósito de la Junta de Paz, esta fue propuesta por Trump en enero de este año y se describe oficialmente como un organismo con la finalidad de “restaurar un gobierno confiable y asegurar la paz en zonas de conflicto”, aunque expertos han señalado que su estructura y control centralizado han generado críticas internacionales.
Trump dijo en esta primera sesión: “Cada dólar gastado es una inversión en estabilidad y la esperanza de un nuevo y armonioso futuro”, refiriéndose a las contribuciones financieras de los países participantes.
México no formó parte como miembro de pleno derecho de la Junta de Paz. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció oficialmente que México rechazó la invitación para unirse como miembro de esta iniciativa, aunque decidió enviar a su embajador ante la ONU, Héctor Vasconcelos, como observador en la reunión. La decisión mexicana fue motivada por la postura de que los procesos de paz deben incluir a todas las partes relevantes y respetar enfoques multilaterales tradicionales.
El Estado de la Ciudad del Vaticano también declinó unirse a la Junta de Paz. El Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, indicó que la Santa Sede considera que la gestión de crisis internacionales “debe estar liderada por las Naciones Unidas” y que la naturaleza del organismo propuesto por Trump no corresponde a la de otros Estados.
Estas ausencias reflejan cierta reticencia de actores internacionales a sumarse plenamente a una iniciativa percibida por algunos como paralela o incluso competitiva respecto a los mecanismos multilaterales existentes, como el Consejo de Seguridad de la ONU.
La reunión inaugural también fue observada con cautela por varias potencias occidentales que no participaron como miembros, reflejando divisiones sobre la legitimidad y el mandado de la estructura de la nueva Junta de Paz.