La difusión de un video grabado a las afueras de una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en Zacatecas desató indignación y reabrió el debate sobre las condiciones reales de atención en el sistema público de salud. En las imágenes, que se viralizaron en redes sociales, se observa a un paciente con movilidad limitada siendo ingresado por sus propios familiares, envuelto en cobijas y sin el apoyo inmediato de una camilla ni de personal médico en el acceso principal.
El momento, breve pero contundente, provocó reacciones de enojo, tristeza y frustración entre usuarios digitales, quienes señalaron presuntas carencias de equipo, saturación de servicios y falta de protocolos de respuesta para personas en estado vulnerable. Testigos que compartieron el clip afirmaron que la familia tuvo que improvisar ante la ausencia de apoyo visible en el ingreso.
Tras la ola de críticas, la delegación del IMSS en el estado emitió una postura oficial en la que aseguró que el paciente no acudía por una urgencia, sino por estudios programados, y que posteriormente sí se le proporcionó una camilla para su traslado interno. La institución sostuvo que el caso no refleja abandono, sino un momento previo al protocolo de ingreso.
Sin embargo, más allá de la aclaración institucional, el impacto social del video volvió a poner el foco en una herida sensible: la percepción de desprotección que viven muchos derechohabientes cuando enfrentan trámites, esperas prolongadas o falta de recursos visibles en unidades médicas.
Especialistas en salud pública señalan que estos episodios exhiben la distancia entre la versión oficial y la experiencia ciudadana. La escena de una familia cargando a su enfermo no solo se volvió viral: se convirtió en símbolo de una demanda constante de atención digna, oportuna y humana.