En un mercado de Tepic, Nayarit, un gringo intento callar a un músico. En las imágenes se observa a un músico callejero que interpreta canciones dentro del mercado cuando un turista estadounidense, aparentemente molesto por el ruido, se levanta para exigirle que deje de tocar. La reacción no tardó en llegar: comerciantes y clientes del lugar defendieron al artista y encararon al visitante. “Esto es México”, le reclamaron recordándole que el músico solo estaba trabajando.
La escena, más allá de lo anecdótico, abrió nuevamente la conversación sobre un fenómeno que lleva años creciendo en distintos estados del país: la gentrificación y el aumento de tensiones entre locales y extranjeros.
En lugares como la Ciudad de México —especialmente en colonias como Roma y Condesa— la llegada de turistas de larga estancia y “nómadas digitales”, muchos de ellos estadounidenses, ha transformado barrios enteros. El incremento de rentas, la proliferación de alojamientos turísticos y la sustitución de comercios tradicionales han provocado que muchos habitantes originales se vean desplazados hacia la periferia.
Pero el conflicto no solo se refleja en el precio de la vivienda. También ha surgido en el terreno cultural. En los últimos años se han viralizado varias polémicas en las que extranjeros se quejan del “ruido” de la música mexicana, especialmente de géneros como la banda o de músicos callejeros que forman parte del paisaje cotidiano de mercados, plazas y restaurantes.
Por eso el video del mercado en Nayarit resonó tanto. En cuestión de segundos se convirtió en una especie de recordatorio colectivo de identidad: un grupo de personas defendiendo a un músico que solo hacía lo que miles de artistas hacen todos los días en el país, tocar para ganarse la vida.