La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela le dio a Donald Trump NO solo el foco principal a nivel internacional, sino que también le dio un golpe a favor de su ego que le ha permitido amagar con más operaciones armadas en otros países, incluído México.
Las tensiones han aumentado, al grado que cualquier movimiento de fuerzas armadas mexicanas se ha tomado como una posible medida de precaución ante cualquier orden por parte del republicano. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que una intervención militar en el país quedó descartada, tras conversar con Trump por teléfono. Hecho que dijo, fue con ayuda de la embajada estadounidense en nuestro país.
Pese a las buenas intenciones que se vean detrás, especialistas de la Universidad George Mason, señalaron que Trump tiene “el sartén por el mango”. Dijeron que por las asimetrías y por la ubicación geográfica, más allá de los gobiernos y de su ideología, México está íntimamente ligado a Estados Unidos, y va a hacer lo que Estados Unidos quiera.
Incluso sugirieron que la presidenta Sheinbaum está dispuesta a librar una guerra contra las drogas muy parecida a la que libró el expresidente Felipe Calderón entre 2006 y 2012, pero en ese entonces no existía tanta amenaza ni tanta presión.
En este contexto, el secretario de guerra estadounidense, visitó Texas, estado colindante con México. Se reunió con fuerzas armadas en donde destacó el poderío militar de Estados Unidos. Cabe señalar que esta gira fue, en mayor medida, para fortalecer estrategias espaciales junto a Elon Musk, CEO de SpaceX, aunque para analistas, no deja de ser una muestra de músculo político y militar.
Bajo el discurso de Trump, cualquier cosa es posible, por ello, un grupo de 75 congresistas demócratas envió una carta al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para manifestar su “firme” oposición a una incursión militar en México.
Los demócratas advirtieron que, sin el consentimiento del gobierno de Claudia Sheinbaum, será una operación “desastrosa” y terminará con la cooperación entre ambos países, ya que ese tipo de acciones unilaterales violan la soberanía mexicana.
La ofensiva estadounidense no solo se lucha en el frente de los cárteles tal y como los conocemos. Desde hace bastante tiempo, las medidas migratorias se han radicalizado, teniendo como bandera el combate contra delincuentes que entran a Estados Unidos. Por ello, el gobierno de Donald Trump no baja las manos en ninguna trinchera y sigue con sus mensajes intimidatorios contra la migración. La Embajada de Estados Unidos en México emitió recientemente otra advertencia sobre la instalación de barreras: se trata de un muro flotante sobre el río Bravo, como parte de las medidas para impedir cruces irregulares. En el mensaje, la representación diplomática subrayó que “el muro en la frontera sur no está solo en tierra”.
Del lado de la política mexicana ya hay fracturas, no solo con las ya existentes con la oposición, sino desde los escaños morenistas.
En primer lugar, la postura presidencial ha sido clara: NO a las intervenciones.
Para el senador morenista Ricardo Sheffield, se deben evaluar las acciones emprendidas en México para evitar alimentar las intenciones estadounidenses, una de ellas, el petróleo que se brinda a Cuba.