Miles de personas se manifestaron el sábado en Groenlandia y en varias ciudades de Dinamarca para expresar su rechazo a las reiteradas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de tomar control del vasto territorio autónomo danés y de imponer nuevos aranceles a países europeos que se opongan a sus planes geopolíticos.
La capital groenlandesa, Nuuk, vivió una de las mayores movilizaciones en la historia de la isla: aproximadamente un cuarto de su población salió a las calles, atravesando la nieve y el hielo con banderas nacionales, carteles y consignas como “Groenlandia no está en venta” para reafirmar su derecho a la autodeterminación.
Justo cuando terminaban su caminata desde el centro de Nuuk, la capital de Groenlandia, hasta el consulado estadounidense, saltó la noticia de que Trump había anunciado que impondrá un arancel del 10 por ciento a los productos de ocho países europeos incluidos Dinamarca, Francia y Alemania que se opongan a las pretensiones estadounidenses sobre Groenlandia.
Trump lleva tiempo diciendo que cree que Washington debería ser dueño de la isla estratégicamente situada y rica en minerales, un territorio autónomo de Dinamarca.
Entre los asistentes estuvo el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, quien se unió a las protestas y se hizo eco de la fuerte oposición local a cualquier intento de anexión. “Queremos mantener nuestro propio país, nuestra cultura y la seguridad de nuestras familias”, afirmó una de las manifestantes durante la marcha.
Simultáneamente, cientos de personas también se reunieron en la capital danesa, Copenhague, y en otras ciudades de Dinamarca para mostrar su solidaridad con los groenlandeses y condenar las amenazas de Trump. Los asistentes ondearon las banderas de Dinamarca y Groenlandia, y reclamaron respeto por el derecho internacional y la soberanía de los pueblos.
Tom Olsen, agente de policía de Nuuk, dijo que la propuesta del sábado era la mayor que había visto nunca allí. “Espero que sirva para demostrar que en Europa estamos unidos”, afirmó. “No vamos a caer sin luchar”.
Las protestas reflejan el creciente descontento en el Reino de Dinamarca y más allá ante los comentarios y acciones del presidente estadounidense, quien ha defendido que la adquisición de Groenlandia sería clave para la seguridad nacional de Estados Unidos debido a su ubicación estratégica en el Ártico. Estas declaraciones, sin embargo, han sido calificadas por líderes europeos como un desafío a las normas diplomáticas y una amenaza potencial a la cohesión de alianzas como la OTAN.
La movilización del fin de semana parte de una serie de protestas bajo el lema internacional de “Hands off Greenland” (“Manos fuera de Groenlandia”) ha reforzado el mensaje unánime de que la isla no está en venta y que cualquier discusión sobre su futuro debe respetar la voluntad de su pueblo y los principios del derecho internacional.