Hace un año del hallazgo del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, un predio que movilizó a colectivos de búsqueda y medios nacionales por la enorme cantidad de prendas y objetos que podrían pertenecer a personas desaparecidas, pero las familias siguen sin respuestas claras de las autoridades.
La historia de Carmen Lucía Carrillo ejemplifica el dolor y la sustracción de decenas de madres que desde hace años buscan a sus hijos e hijas. Carmen Lucía asegura haber reconocido un patalón negro, un boxer y una cartera entre la ropa hallada en el rancho presuntamente vinculado con grupos criminales y centros de reclutamiento forzado como pertenencias de su hijo Daniel Alberto Velasco, desaparecido desde el 22 de noviembre de 2022 en Zapopan cuando tenua 27 años.
Sin embargo la Fiscalía General del Estado de Jalisco (FGE) condicionó mostrarle físicamente esas prendas a que la madre presentara una fotografía en la que su hijo aparezca con esa misma ropa, una exigencia que ha provocado incredulidad y dolor entre las familias, pues muchas no cuentan con imágenes de los últimos días de vida de sus seres queridos. Carmen Lucía incluso ha solicitado revisar las grabaciones de las cámaras del C5 tomadas el día de la desaparición de Daniel Alberto como evidencia, pero hasta ahora no ha obtenido acceso.
El último día que vio a su hijo, Carmen Lucía no sabía que sería el último. Lo vio trabajando en la calle, como siempre, pensando en ayudarle a tramitar su INE tras un robo, confiada en que lo vería esa misma tarde. Nunca tomó una foto, porque jamás imaginó lo que vendría después, y ese detalle ahora se ha convertido en un reproche cuando la Fiscalía le exige una imagen de Daniel Alberto con la ropa que ella identificó entre las prendas halladas en el rancho Izaguirre. “¿Cómo quiere que tenga una foto?”, le preguntó con el alma en pedazos al funcionario, recordando que lo último que alcanzó a mirarle fue ese pantalón negro que ella lavaba y le regalaba”, y que ahora cree ver entre la ropa encontrada. En su memoria, la ropa no es solo evidencia: es el último rastro vivo de un hijo que aún no sabe si está vivo o muerto.
Para las familias, la exigencia de la Fiscalía representa una barrera adicional en la búsqueda de verdad y justicia. En una reunión con la FGE el pasado marzo, decenas de familiares esperaban avances concretos, pero salieron molestos y sin información útil sobre el destino de las prendas y la posibilidad de que coincidan con los objetos de su seres queridos desaparecidos.
Este primer aniversario del hallazgo también ha sido conmemorado por el proyecto periodístico “Las Prendas Hablan”, que en conjunto con colectivos de buscadores ha documentos coincidencias entre las piezas halladas en Izaguirre y la ropa que vestían personas desaparecida, así como las fallas y omisiones institucionales frente a la crisis de desapariciones en México.
A la fecha, las familias, siguen exigiendo acceso a las evidencias, justicia por sus ausentes y claridad sobre qué ocurrió en ese predio, mientras las instancias responsables reportan avances técnicas sin ofrecer explicaciones que satisfagan las necesidades humanas y afectivas de quienes han dedicado años a la búsqueda incansable de sus seres queridos.