En las últimas horas, un caso que ha acaparado la atención internacional volvió a resonar en redes sociales durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX 2026. Se trató del niño ecuatoriano de cinco años, Liam Conejo Ríos, cuyo caso migratorio desafía las políticas de Estados Unidos y ha generado atención mediática en todo el continente.
Durante la destacada presentación del artista puertorriqueño Bad Bunny en el halftime show del Super Bowl, una imagen de un niño recibiendo un Grammy del cantante encendió las redes sociales. Inmediatamente, usuarios aseguraron que se trataba de Liam, interpretando el momento como un gesto en apoyo a su situación y una crítica implícita a las políticas migratorias estadounidenses.
“No somos salvajes, no somos animales, somos humanos y somos americanos, fuera ICE”
Sin embargo, tanto las autoridades del espectáculo como diversos medios confirmaron que el menor que apareció en escena es en realidad Lincoln Fox Ramadán, un actor y modelo infantil de cinco años quien interpretó una representación simbólica del propio Bad Bunny cuando era niño, mostrando a un “yo pequeño” recibiendo un sueño hecho realidad y recordando sus orígenes y aspiraciones antes de convertirse en la superestrella actual.
A pesar de esta aclaración, la confusión no hizo más que aumentar la visibilidad del caso de Liam y avivar el debate público. Analistas señalan que el simbolismo de relacionar la historia del niño ecuatoriano con la actuación de Bad Bunny respondió a un clima social marcado por la crisis migratoria y el creciente activismo en torno a los derechos de los solicitantes de asilo.
Liam y su padre, Adrián Conejo Arias, fueron detenidos por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Mineápolis (Minnesota) a mediados de enero, poco después de regresar a su hogar tras dejar al menor en la escuela. La detención ocurrió pese a que la familia afirma haber seguido los procedimientos legales para solicitar asilo en Estados Unidos, lo que desató una ola de críticas de organizaciones civiles y defensores de derechos humanos que denunciaron el trato de las autoridades migratorias.
El caso tomó un giro significativo cuando un juez federal ordenó bloquear temporalmente cualquier intento de deportación contra Liam y su padre, al tiempo que se les autorizó continuar con su trámite de asilo sin ser trasladados a otro centro de detención. Esta decisión judicial ofreció un respiro a la familia y permitió que su historia se convirtiera en un símbolo de la lucha de miles de migrantes que buscan protección legal en Estados Unidos.
Organizaciones defensoras de migrantes han convocado protestas en varias ciudades de Estados Unidos y América Latina, exigiendo respeto a los derechos humanos y cambios sustanciales en las prácticas de deportación. Para muchos, Liam representa a los más vulnerables del sistema migratorio y un llamado de atención sobre las consecuencias humanas de las políticas fronterizas.
La historia de Liam Ríos sigue abierta. Mientras su proceso de asilo continúa, su caso ya ha trascendido fronteras y se ha convertido en un punto de inflexión para el debate sobre migración, derechos de las familias y justicia en un momento en que la política migratoria estadounidense se encuentra en el centro de la discusión pública.