La crisis energética en Cuba se profundizó este jueves al alcanzar niveles críticos, con previsiones oficiales que estiman que hasta el 57 % del territorio nacional permanecerá sin servicio eléctrico de manera simultánea durante el horario de mayor consumo. La situación, reportada por la estatal Unión Eléctrica (UNE), refleja un escenario extremo que mantiene a la isla en una prolongada vulnerabilidad energética desde el verano de 2024.
Según datos difundidos por EFE, el sistema termoeléctrico —responsable del 40 % de la generación de energía del país— opera actualmente a menos del 50 % de su capacidad. De sus 16 unidades, nueve se encuentran fuera de servicio debido a fallas técnicas o trabajos de mantenimiento.
Las autoridades reconocen que el desabasto eléctrico no obedece a una causa única, sino a una combinación de factores estructurales y geopolíticos. Entre ellos destacan el deterioro de la infraestructura, ya que las centrales térmicas presentan averías constantes; la falta de divisas para adquirir combustible en los mercados internacionales; y la paralización de la generación distribuida por escasez de diésel y lubricantes, con un número de motores fuera de operación que estaría alcanzando cifras históricas.
A este panorama se suma el denominado “factor Venezuela”. Tras la caída de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, las presiones ejercidas por Estados Unidos para interrumpir el suministro de crudo venezolano a Cuba habrían agravado la ya severa escasez de combustible.
El origen y las posibles salidas a esta crisis han abierto una brecha entre el discurso oficial y los análisis técnicos externos. Mientras el Gobierno cubano atribuye el colapso energético a una política de “asfixia energética” derivada de las sanciones impuestas por Estados Unidos, especialistas señalan que los problemas estructurales del sistema eléctrico llevan años gestándose.