En San Juan Chamula, Chiapas, la tradición pesa tanto como el riesgo. Con el inicio del Carnaval de Chamula 2026, una de las celebraciones más importantes del pueblo indígena tsotsil, volvió también una de sus prácticas más polémicas: la suelta tradicional de toros.
Durante esta festividad, los participantes corren frente a un toro en espacios públicos, intentando esquivar al animal mientras la comunidad observa. Aunque se trata de un ritual profundamente arraigado en la identidad cultural del municipio, el saldo de personas heridas se repite año con año. En esta edición, un video difundido en redes sociales muestra al toro embistiendo a varias personas, algunas de las cuales terminan violentamente en el suelo.
El carnaval inició formalmente con esta práctica, pese a que los antecedentes son claros. En ediciones pasadas, la suelta de toros ha dejado lesionados graves, incluidos jóvenes que han requerido atención médica urgente tras ser pateados o embestidos por el animal. Estos episodios han reavivado el debate entre el respeto a las tradiciones y la responsabilidad de proteger la integridad física de los participantes.
Para las autoridades comunitarias, la suelta de toros forma parte del ciclo ritual del carnaval y no puede entenderse fuera de su contexto cultural. Sin embargo, para observadores externos y organismos de derechos humanos, la repetición de heridos evidencia la ausencia de medidas de seguridad suficientes en un evento de alto riesgo.
El carnaval de San Juan Chamula, como muchas celebraciones indígenas, se mueve en una línea delicada: preservar la tradición sin convertirla en tragedia. Mientras los toros vuelven a correr y los videos se viralizan, la pregunta permanece abierta: ¿hasta dónde puede llegar la costumbre cuando el cuerpo humano y el estrés animal es siempre lo que termina pagando el precio?