El Gobierno de México, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), solicitó a inversionistas internacionales 9 mil millones de dólares mediante la emisión de deuda en los mercados financieros globales, marcando su primera operación de este tipo en 2026 y posicionándose como uno de los emisores soberanos más activos de América Latina en este comienzo de año.
La colocación se realizó con la venta de tres bonos distintos, todos en moneda extranjera y con plazos escalonados: 3 mil millones de dólares a 8 años, 4 mil millones a 12 años y 2 mil millones a 30 años. Esta estrategia de fraccionar la deuda busca optimizar el financiamiento a distintos plazos y atraer una base amplia de inversionistas, así como establecer puntos de referencia líquidos en la curva de deuda soberana en dólares.
De acuerdo con Hacienda, la demanda por estos bonos fue muy superior al monto ofertado, registrando una participación de más de 279 inversionistas y una demanda máxima de alrededor de 30 mil millones de dólares, lo que indica interés sostenido por deuda mexicana en los mercados externos. Además, las tasas obtenidas en esta emisión fueron menores que las registradas en operaciones similares de años recientes, lo que puede interpretarse como una señal de confianza de los actores financieros internacionales en la economía del país.
Según especialistas, esta decisión responde a la necesidad del gobierno de asegurar liquidez en dólares para 2026, tanto para cubrir vencimientos de deuda previa como para cubrir gastos en moneda extranjera, un componente habitual de las cuentas públicas mexicanas. Salir temprano al mercado puede ofrecer ventajas: si el entorno financiero se complica más adelante, el país ya habrá amarrado financiamiento en condiciones favorables.
Sin embargo, esta operación también significa un incremento de la deuda pública externa. Aunque la SHCP ha destacado los beneficios de colocar deuda con tasas competitivas, la cifra total de obligaciones del gobierno sigue en aumento. Al cierre de noviembre de 2025, la deuda pública del país ascendía a 18.2 billones de pesos, cifra que representa una carga de más de 137 mil pesos por cada mexicano.
Otro factor relevante es que esta deuda se paga en dólares, no en pesos: si el tipo de cambio se deprecia y el dólar sube, el costo del servicio de esta deuda puede incrementarse, presionando las finanzas públicas en los próximos años.
La operación de colocación de bonos por 9 mil millones de dólares no sólo marca el inicio de las emisiones del año, sino que también evidencia cómo el gobierno federal combina estrategias de financiamiento con la gestión de riesgo cambiario y las expectativas de los mercados globales.