Un curioso fenómeno gastronómico ha convertido una tradición callejera de la Ciudad de México en tendencia en Estados Unidos. Se trata de los llamados “elotes navideños”: maíz entero, asado o cocido, decorado con mayonesa, queso, chile, limón y otros ingredientes; un antojito popular de la capital, y que ahora ha empezado a venderse en ciudades estadounidenses como Los Ángeles.
La expansión de este snack empezó con migrantes y comerciantes que llevaron la receta a comunidades latinas fuera de México, y rápidamente ganó terreno entre quienes buscan sabores auténticos y distintivos. Según los vendedores, la venta en EE.UU. ha funcionado mejor de lo esperado: los clientes no solo son mexicanos o latinos, sino también estadounidenses interesados en probar esta curiosidad culinaria.
En mercados, y puestos callejeros, los “elotes navideños” destacan por su colorido: aderezados con mayonesa, queso rallado, crema, especias, salsa picante y un toque de limón, ofrecen una mezcla dulce-salada-picante que contrasta con los snacks convencionales. Lo interesante es que los ingredientes tienen los colores verde, rojo, amarillo y azul, distintivos de la época navideña. Esto con el fin de que el elote luzca como un árbol de navidad.
El fenómeno no solo ha generado nostalgia entre quienes extrañan tradiciones mexicanas lejos de casa, sino también curiosidad cultural. En redes sociales suman ya cientos de publicaciones con videos y fotos de personas probando el elote navideño por primera vez, comentando su sabor, su textura y su original presentación. Se habla de él como “la botana navideña que México exportó”, etiqueta que resume su función más allá del gusto: un puente cultural.
Pese a su auge, algunos expertos en nutrición advierten sobre su alto contenido calórico y salado. Recomiendan moderar su consumo, particularmente para quienes padecen hipertensión o problemas de salud relacionados con la dieta. Aun así, muchos consumidores aceptan el riesgo como parte de la experiencia: un antojito festivo que une comunidades, recuerda orígenes y celebra la identidad mexicana.
La historia de los “elotes navideños” demuestra cómo un alimento popular puede transformarse en símbolo cultural, migrar con la gente y reconvertirse en una novedad global. Lo que nació en las calles de CDMX hoy cruza fronteras, sabores y costumbres y en el proceso reafirma que la comida tiene un poder simbólico: une, recuerda y adapta identidades.