Este 26 de noviembre se cumplió cuatro décadas desde que Rodolfo Neri Vela se convirtió en el primer mexicano en viajar al espacio, un hito histórico marcado por su participación en la misión STS-61B de la NASA.
Neri Vela — originario de Chilpancingo, Guerrero — despegó en la noche del 26 de noviembre de 1985 a bordo del transbordador espacial Atlantis, con el objetivo de poner en órbita satélites de comunicaciones. Entre ellos se encontraba el satélite mexicano Morelos II, pieza clave para la infraestructura de telecomunicaciones del país.
Durante la misión, Neri Vela completó 109 órbitas alrededor de la Tierra, recorriendo cerca de 3.9 millones de kilómetros, y pasó aproximadamente 165 horas en el espacio. Además de desplegar satélites, participó en experimentos técnicos, fotografía de la superficie terrestre y dos caminatas espaciales de seis horas cada una.
Tras su retorno a la Tierra el 3 de diciembre de 1985, Neri Vela regresó a México, donde desarrolló una destacada carrera académica como profesor e investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su experiencia y trayectoria hoy siguen inspirando a nuevas generaciones interesadas en la ciencia, la ingeniería y la exploración espacial.
El legado de su misión trasciende lo personal: simboliza la puerta abierta de México a la exploración espacial, y demuestra que el país puede —con talento y vocación— formar parte de los logros científicos globales. A 40 años de aquella hazaña, su nombre sigue brillando como testimonio de ambición, conocimiento y orgullo nacional.