En México, el matrimonio ya no es sinónimo de permanencia. Las cifras oficiales y los análisis recientes muestran una tendencia clara: los divorcios aumentan mientras los matrimonios disminuyen, configurando un cambio profundo en la estructura familiar del país.
De acuerdo con datos del INEGI, en México se registra actualmente un divorcio por cada tres matrimonios, una proporción que evidencia la fragilidad creciente de las uniones legales. Este fenómeno no es homogéneo en todo el país. Entidades como Nuevo León destacan entre los estados con mayor número de divorcios, consolidándose como uno de los focos rojos en esta transformación social.
La tendencia no es reciente, pero sí sostenida. En la última década, los divorcios han mantenido una línea ascendente, incluso en periodos donde los matrimonios disminuyen o se estancan . En otras palabras: no solo se rompe más, sino que cada vez menos personas deciden casarse. En 2024, en México se registraron 161 mil 932 divorcios legales, una cifra que se mantiene en niveles elevados y que forma parte de una tendencia al alza en la última década, incluso si entre 2023 y 2024 se observó un ligero estancamiento en el crecimiento.
Ese mismo año se celebraron 486 mil 645 matrimonios, lo que implica una relación muy clara entre uniones y rupturas: por cada 100 matrimonios se registraron 33 divorcios. Esa proporción (33 por cada 100) ha ido aumentando durante los últimos años: en 2015, por ejemplo, este indicador era mucho menor, lo que habla de cómo la disolución de los vínculos legales ha adquirido mayor peso relativo con el paso del tiempo.
Entre los factores que explican este aumento se encuentran los cambios culturales, el acceso más amplio al divorcio incausado, la independencia económica (especialmente de las mujeres) y la transformación de las expectativas sobre la vida en pareja. Las separaciones legales se han incrementado de manera constante, reflejando que el divorcio dejó de ser un estigma para convertirse en una salida socialmente aceptada ante relaciones insatisfactorias o violentas.
Los datos también muestran que muchas uniones se disuelven en los primeros años de matrimonio, lo que sugiere que la decisión de casarse ya no garantiza estabilidad a largo plazo. Más que una crisis del amor, las cifras apuntan a una crisis del modelo tradicional de familia, donde el matrimonio ya no ocupa el lugar central que tuvo durante décadas.
Así, México enfrenta una reconfiguración silenciosa pero profunda: las relaciones se vuelven más frágiles en lo legal, pero también más libres en lo individual. El aumento de los divorcios no solo habla de rupturas sentimentales, sino de un país que redefine la forma de amar, convivir y separarse.