A días de las nuevas advertencias del presidente Donald Trump sobre una posible intervención contra los cárteles en México, el gobierno mexicano obtuvo un resultado tangible en su propia estrategia de seguridad: la detención de seis presuntos integrantes del “Tren de Aragua” en la Ciudad de México, una organización criminal transnacional vinculada con la extorsión, la trata de personas y el tráfico de drogas.
La operación encabezada por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, se realizó en coordinación con la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina, tras trabajos de cateo e investigación en diversas alcaldías de la capital. Entre los detenidos figura Lesli Valeri “N”, señalada como enlace con grupos delictivos locales y responsable de cobros derivados de la explotación sexual, y Bryan “N”, presunto operador financiero de la organización.
Este operativo contrasta con el tono de confrontación que ha marcado el intercambio diplomático reciente entre Trump y la administración de Claudia Sheinbaum. Trump insistió en que México necesita “eliminar a los cárteles” e incluso sugirió que podría considerar opciones más drásticas si no hay avances suficientes. Ante ello, Sheinbaum ha reiterado que una intervención militar extranjera “no va a suceder” y que México defenderá su soberanía, al mismo tiempo que busca fortalecer la cooperación bilateral para enfrentar el crimen organizado de forma conjunta.
En este contexto, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, destacó el impacto de la captura de los integrantes del Tren de Aragua, señalando que acciones como ésta “trascienden fronteras” y contribuyen a una mayor seguridad regional. El diplomático subrayó que desarticular redes criminales transnacionales protege a las comunidades de ambos países.
El reconocimiento del embajador Johnson al trabajo de García Harfuch no sólo funciona como un gesto diplomático, sino también como un mensaje político: mientras Washington eleva la presión y mantiene viva la narrativa de una posible intervención, México responde con golpes mediáticos al crimen organizado para demostrar que puede contener la amenaza sin ceder el control de su seguridad. La felicitación, más que un aplauso, marca el delicado pulso entre soberanía y exigencia internacional.