Un video difundido en la red social X se volvió viral al mostrar el testimonio de un hombre identificado como Paulino Alejandro Jiménez, quien relató una experiencia que vivió en la ciudad de Veracruz tras perder su teléfono celular luego de abordar un taxi.
En la grabación, Paulino se presenta como habitante del puerto de Veracruz y explica que, tras utilizar un servicio de taxi, extravió su dispositivo móvil. Durante varios días no tuvo noticias sobre su paradero y, debido a que su empleo como oficinista requiere el uso constante del teléfono, se vio obligado a adquirir un nuevo equipo.
Al configurar el nuevo dispositivo con su cuenta de Google, pudo acceder a la función de geolocalización asociada a su antiguo celular. Fue entonces cuando detectó que el aparato marcaba ubicación frente a la Secundaria Técnica 69, en la zona de Heriberto Jara Corona. Según su testimonio, la señal apuntaba a una pollería situada en ese punto.
Con la intención de recuperar lo que consideraba suyo, acudió al establecimiento para preguntar por el teléfono. Sin embargo, al exponer su caso, afirma que las trabajadoras del lugar reaccionaron acusándolo de intentar estafarlas. De acuerdo con su versión, la situación se tornó tensa y posteriormente fue señalado en redes sociales e incluso en una nota difundida por el medio local XEU, donde se habló de un presunto nuevo modus operandi relacionado con intentos de engaño utilizando la geolocalización de celulares.
El propio Paulino sostiene que nunca intentó intimidar ni cometer fraude alguno y que únicamente buscaba recuperar su propiedad. En el video se describe como una persona dedicada a su trabajo y rechaza las acusaciones que, asegura, afectaron su imagen pública.
La difusión del caso generó opiniones divididas en redes sociales. Algunos usuarios señalaron que las herramientas de geolocalización no son exactas y que no sustituyen la intervención de las autoridades, por lo que consideraron comprensible que las trabajadoras actuaran con desconfianza ante la posibilidad de una estafa. Otros, en cambio, defendieron la versión de Paulino y respaldaron su intención de recuperar el dispositivo, destacando que muchas veces las víctimas de pérdidas o robos enfrentan obstáculos adicionales cuando intentan resolver la situación por su cuenta, sin la ayuda de autoridades.
Hasta el momento no se ha informado oficialmente si el celular fue recuperado ni si alguna autoridad intervino formalmente en el caso. Tampoco se ha confirmado públicamente la versión de las personas señaladas en el video, por lo que los hechos permanecen sustentados principalmente en el testimonio difundido en redes sociales.
Más allá de la polémica, el caso pone sobre la mesa una realidad cada vez más común: la tecnología ofrece herramientas para rastrear dispositivos, pero su uso puede generar conflictos cuando no existe mediación institucional. La geolocalización puede orientar, pero no siempre brinda precisión absoluta ni sustituye los procedimientos legales. En medio de la desconfianza social y el temor a fraudes, tanto quien busca recuperar un objeto perdido como quien es señalado pueden sentirse vulnerables.
Sin embargo, como señalaron algunos usuarios en redes sociales, existe una profunda desconfianza hacia las autoridades, al considerar que difícilmente intervendrían en un caso como este. Varios comentarios reflejan la percepción de que, si en delitos de mayor gravedad muchas veces no hay resultados visibles, menos aún se esperaría una respuesta efectiva por la pérdida de un teléfono celular.
Esta postura evidencia no solo la polarización del debate, sino también el nivel de escepticismo ciudadano frente a las instituciones encargadas de procurar justicia.