Es un hecho que lo que pasa en la infancia de cada persona marca al adulto que es hoy, según Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis "infancia es destino", es por eso que es tan importante saber distinguir lo que se hace desde la pedagogía para educar a los niños y marcar limites claros a diferencia de marcar de manera negativa su infancia con acciones que les hacen daño.
La famosa practica “ley del hielo” se basa en dejar de hablarle al hijo después de un conflicto, ignorándolo y retirándole muestras de afecto, a menudo sin explicaciones. Según la psicopedagoga Sylvie Pérez, profesora colaboradora de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), este tipo de respuesta por parte de los adultos provoca en los niños sentimientos de culpa, rechazo y desconcierto, además de afectar su autoestima y dificultar su capacidad para manejar conflictos en el futuro.
"No es simplemente quedarse callado, es hacer como si el niño no existiera, negarle la posibilidad de explicarse, de pedir disculpas, de entender qué ha hecho mal", explica Pérez. Al ser unos niños, no tienen las habilidades ni las herramientas emocionales para saber que es lo que esta pasando, normalmente crean un pensamiento de desprecio hacia ellos mismos, al asimilar que lo que esta mal son ellos mismos y no el problema en sí.
Una investigación realizada en varias universidades estadounidenses demostró que el silent treatment (trato de silencio) dentro del entorno familiar produce consecuencias negativas evidentes: los adultos que lo vivieron de parte de sus padres reportan menor calidad en sus relaciones y una sensación reducida de control. Además, cuando son los hijos quienes lo aplican, esta conducta suele estar vinculada con niveles más bajos de autoestima.
Existen formas más sanas de manejar el enfado sin recurrir al silencio. La psicopedagoga explica que ignorar a un hijo nunca debe ser una alternativa. En lugar de ello, sugiere expresar claramente que se necesita un momento para calmarse, evitar largas explicaciones durante el conflicto y, si el adulto está sobrepasado, pedir apoyo a otra persona. También recomienda aplicar consecuencias claras y previamente establecidas. Pérez insiste en no usar el silencio como castigo, ya que provoca angustia y los niños requieren un ambiente donde puedan expresarse y equivocarse sin miedo a ser ignorados.