En medio de la discusión sobre la explotación de gas mediante fractura hidráulica, el investigador y doctor en geofísica Carlos Valdés advirtió que no existe un escenario completamente seguro para su aplicación. En una entrevista con El Sol de México, el especialista fue claro: “no hay forma de garantizar que el fracking no contamine”, debido a la complejidad de los procesos en el subsuelo.
El fracking consiste en la inyección de grandes volúmenes de agua mezclada con arena y químicos a alta presión para fracturar formaciones rocosas y liberar hidrocarburos. Sin embargo, Valdés explicó que, al tratarse de un entorno geológico heterogéneo, es imposible controlar completamente qué sustancias se movilizan durante la extracción. “Es como usar un popote en una bebida: no puedes elegir exactamente qué estás succionando”, ejemplificó.
Uno de los principales focos de preocupación es el impacto en los recursos hídricos. De acuerdo con el experto, el proceso utiliza cantidades significativas de agua que, tras su uso, queda contaminada y resulta difícil de tratar o reutilizar. Además, existe el riesgo de filtraciones hacia acuíferos profundos, lo que podría afectar el suministro de agua a largo plazo.
A estos efectos se suma la llamada “sismicidad inducida”. Valdés señaló que la inyección de fluidos puede generar microsismos, generalmente imperceptibles, pero que reflejan alteraciones en el subsuelo. Aunque estos eventos suelen ser de baja magnitud, forman parte de los impactos asociados a esta técnica.
Pese a los riesgos, el especialista reconoció que el fracking podría contribuir a la soberanía energética del país, al permitir el aprovechamiento de reservas de gas no convencional y reducir la dependencia de importaciones. No obstante, subrayó que este beneficio debe evaluarse frente a los costos ambientales.
El debate en México se mantiene abierto. Mientras algunos sectores impulsan su desarrollo como vía para garantizar el abasto energético, expertos coinciden en que no existe un fracking completamente limpio, sino mecanismos para mitigar —pero no eliminar— sus efectos.