Fieles católicos y habitantes de Comitán de Domínguez, Chiapas, manifestaron su indignación luego de que el alcalde Mario Antonio Guillén convirtiera la tradicional romería en honor a San Caralampio en un acto que, acusan, desvirtuó el sentido religioso y cultural de la festividad para transformarla en un espectáculo político y mediático.
La molestia se desató tras la difusión de imágenes y videos en redes sociales donde se observa al edil, militante del Partido del Trabajo (PT), jalando la cola del disfraz de diabla que portaba una mujer durante el recorrido. El gesto fue interpretado por los asistentes como una falta de respeto, no solo hacia la persona, sino hacia el carácter solemne de la romería, considerada una de las celebraciones religiosas más importantes del sur de México.
La festividad de San Caralampio tiene un profundo significado espiritual y cultural en la región. Este santo, de origen ortodoxo, es el único de esta tradición venerado en el sur del país. Desde finales del siglo XIX, el templo dedicado a San Caralampio se convirtió en un punto central de peregrinación para comunidades indígenas tojolabales y pobladores de distintos municipios, quienes acuden año con año para pedir salud, buenas lluvias y cosechas abundantes al inicio del ciclo agrícola. Durante décadas, la romería se caracterizó por la sobriedad y el recogimiento: fieles caminaban varios kilómetros portando flores, velas y rezos, en un ambiente de devoción colectiva.
Sin embargo, habitantes señalan que el sentido original de esta tradición comenzó a distorsionarse a partir de 2015, cuando Mario Antonio Guillén asumió por primera vez la presidencia municipal bajo las siglas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Desde entonces, aseguran, el alcalde ha utilizado la romería como plataforma de promoción personal, participando de manera protagónica en el desfile, montando caballos de alto valor, incluyendo un caballo frisón cuyo costo puede alcanzar hasta los 900 mil pesos, y encabezando contingentes con un despliegue que contrasta con las carencias que enfrenta la población.
Mario Antonio Guillén es un político local que ha transitado por distintos partidos. Tras su paso por el PRI, actualmente gobierna bajo la bandera del PT. En Comitán es conocido con varios apodos, entre ellos Señor Cachimbas y Señor Fox. Este último sobrenombre se lo atribuye por su afición a utilizar disfraces, vestuarios extravagantes y atuendos llamativos durante eventos públicos, buscando acaparar la atención. En ediciones anteriores de la romería y en otros actos oficiales, ha sido visto portando disfraces, sombreros, trajes vaqueros ostentosos y participando de manera teatral, lo que ha generado constantes críticas por parte de ciudadanos que consideran estas acciones como una falta de seriedad y respeto hacia las tradiciones y la investidura del cargo.
En esta ocasión, su interacción con el disfraz de diabla fue el punto que desató la indignación colectiva. De acuerdo con testimonios de asistentes, el alcalde no solo participó activamente en el desfile, sino que realizó gestos considerados ofensivos, en un contexto que debía estar marcado por la solemnidad y la devoción. Habitantes señalaron que no es la primera vez que Guillén protagoniza actos similares, pues en años anteriores ya había sido cuestionado por convertir la romería en una pasarela política, utilizarla para tomarse fotografías promocionales y encabezar el recorrido con actitudes que consideran frívolas.
Para muchos pobladores, lo ocurrido representa una burla, especialmente frente a los graves problemas que enfrenta el municipio. Comitán padece una creciente inseguridad, con denuncias constantes de robos, asaltos y presencia del crimen organizado. A ello se suma la escasez de agua potable, fallas en los servicios básicos, calles en mal estado, deficiencias en la recolección de basura y rezagos importantes en infraestructura y atención social. En varias colonias, el suministro de agua es intermitente o inexistente durante días, lo que obliga a las familias a comprar pipas o almacenar agua en condiciones precarias.
Vecinos consultados expresaron su enojo al considerar ofensivo que el alcalde exhiba lujos y actitudes festivas mientras gran parte de la población enfrenta carencias. Señalaron que el uso de un caballo de alto costo y la teatralización del evento contrastan con la realidad cotidiana de cientos de familias que luchan por cubrir necesidades básicas. Algunos habitantes afirmaron que la romería dejó de ser un espacio de recogimiento espiritual para convertirse en un escenario de promoción personal y protagonismo político.
En redes sociales, ciudadanos criticaron duramente la conducta del edil, acusándolo de banalizar una tradición centenaria y de faltarle al respeto a la fe de los creyentes. Comentarios señalaron que la festividad debería ser un momento de unión, reflexión y petición colectiva, no un acto de exhibicionismo político. Otros usuarios recordaron antecedentes similares y exigieron que las autoridades municipales se conduzcan con mayor responsabilidad y respeto hacia las costumbres locales.
Hasta el momento, el gobierno municipal no ha emitido una postura oficial para responder a las críticas. Tampoco se ha informado sobre posibles sanciones administrativas ni sobre cambios en la organización de futuros eventos.