Ciudad de México, México. A pocos días del 8 de marzo, México llega con cifras alarmantes que recuerdan que la violencia contra las mujeres sigue siendo una emergencia nacional. De acuerdo con el más reciente reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el país registró al menos 54 feminicidios en lo que va de 2026, ubicando un promedio de casi dos mujeres asesinadas cada día en enero, antes de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
Los estados con mayor incidencia de feminicidios en este corte preliminar son Sinaloa, CDMX, Estado de México y Tamaulipas, concentrando cerca del 39 por ciento de los casos documentados.
Uno de los casos más recientes que ha conmocionado al país es el de Kimberly Joselín Ramos Beltrán, estudiante de 18 años de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), quien fue encontrada sin vida después de más de diez días de búsqueda policial y movilizaciones estudiantiles. Las autoridades confirmaron que el cuerpo hallado en una zona boscosa de Cuernavaca corresponde a la joven, desaparecida desde el pasado 20 de febrero, y que un hombre identificado como Jared Alejandro “N” fue detenido como presunto responsable.
Otro historia que ha conmovido y enfurecido a la sociedad es la de Ana Karen Nute Téllez, de 19 años quien desapareció el pasado 28 de febrero tras solicitar un viaje en motocicleta a través de una aplicación digital en el Estado de México. Cámaras de seguridad captaron el momento en que abordó la motoneta en el municipio de San Antonio la Isla, pero nunca llegó a su destino.
La búsqueda culminó el 3 de marzo, cuando su cuerpo fue hallado sin vida a un costado de la carretera Toluca- Tenango, en el municipio de Metepec. Las autoridades de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) detuvieron a Daniel “N” el conductor de la motocicleta, como probable responsable de su desaparición y muerte.
La indignación no se limita a Morelos o Estado de México: diversos colectivos feministas han señalado que la impunidad y la omisión institucional siguen siendo factores que perpetúan violencias que se traducen en desapariciones, asesinatos y violaciones de derechos humanos.
Las cifras oficiales también muestran que el 57.7% de la las llamadas de emergencia recibidas en el país están relacionadas con la seguridad de las mujeres, situando a entidades como Ciudad de México, Chihuahua y Estado de México como las más activas en reportes de violencia doméstica, esta proporción es extraída de diversas fuentes de datos oficiales y medios de comunicaciones especializados en seguridad ciudadana.
Detrás de cada cifra hay un nombre, una historia y una familia rota. Aunque cambie el calendario, la violencia no se detiene: las estadísticas de 2025 cerraron prácticamente en los mismos niveles que hoy indignan al país, reflejando que la crisis no ha disminuido. Incluso, algunos indicadores de violencia y llamadas de auxilio registraron incrementos de hasta 75 por ciento en ciertos rubros, mientras el promedio mensual de feminicidios se mantiene cercano a los 57 casos. Es una realidad profundamente dolorosa: México no solo enfrenta números, enfrenta ausencias, sueños truncados y una deuda histórica con millones de mujeres que siguen esperando vivir sin miedo.
Además de feminicidios, el registro de llamadas relacionadas con abusos, agresiones y violencia familiar continúa en aumento, lo que ha llevado a organizaciones civiles a calificar la situación como una crisis estructural de seguridad hacia mujeres y niñas.
“Las mujeres ya no lloran” echa leña a la discusión pública.
En redes sociales, incluso un comentario de la propia Presidenta de México citando una frase inspirada en la artista Shakira “las mujeres ya no lloran” desató un amplio debate y críticas. Usuarios respondieron que si bien el mensaje puede interpretarse como un llamado a la resiliencia, vive en tensión con la realidad de miles de mujeres que sí lloran, sufren y luchan frente a la violencia cotidiana.
Autoridades reconocen avances… pero no bastan
En las últimas conferencias matutinas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha señalado que México ha tenido avances en materia de derechos para las mujeres, incluyendo protocolos de atención, leyes y centros para prevenir violencia, aunque reconoció que “no es suficiente” y que aún hay pendientes importantes en protección y autonomía económica femenina.
A la par de estas declaraciones, el Gobierno ha planeado medidas de seguridad para el 8M, incluso evaluando blindar el Palacio Nacional ante posibles disturbios en el marco de la movilización feminista, con el argumento de proteger a todos los ciudadanos, incluidas las mujeres policías.
Colectivos organizados han destacado que las consignas no solo se centrarán en el fin de los feminicidios, sino también en la precariedad laboral, acceso a la justicia, desapariciones, violencias estructurales, y la falta de acceso a derechos básicos para las mujeres.
Sobre este panorama, la defensora de derechos humanos, maestra en políticas públicas y maestrante en criminología Viviana Erika Solorio Pereda advierte que “Trabajar en la prevención de los delitos es fundamental por parte de los especialistas en diversas disciplinas como criminólogos, abogados, psicólogos, psiquiatras, médicos, entre otros, para atender el problema multifactorial que prevalece a nivel nacional e internacional.
Con profunda tristeza e indignación llegaremos a un 8M con violencia hacia las mujeres. Aún nos falta mucho para terminar con las agresiones sexuales, físicas, psicológicas, virtuales, políticas e institucionales hacia las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.
Las políticas públicas en materia de seguridad y prevención de los delitos son responsabilidad del Estado. Urgen para parar la violencia”.
El 8M 2026 en México llega en medio de cifras y casos que duelen: decenas de mujeres asesinadas, miles de llamadas de emergencia relacionadas con violencia, jóvenes como Kimberly cuya muerte visibiliza fallas institucionales y respuestas públicas a veces insensibles que alimentan la indignación social. El clamor en las calles y las redes no ha hecho más que comenzar.