Todo pasó en medio de las movilizaciones y redadas migratorias en los Estados Unidos, era una manifestación pacífica en Santa Ana en California la que terminó de forma trágica a la familia de Kaden Rummler.
El joven de 21 años se encontraba participando en una protesta frente al edificio de inmigración federal (ICE) cuando un oficial le disparó un proyectil de control de multitudes directamente al rostro desde una distancia de apenas unos pocos metros.
El impacto fue tan violento que, tras ser arrastrado por los agentes hacia el interior del edificio mientras sangraba, los médicos confirmaron la peor noticia: Kaden ha perdido por completo la visión de su ojo izquierdo debido a la gravedad de la herida.
Imágenes grabadas por personas que se encontraban alrededor muestran el instante preciso del caos. Mientras Kaden Rummler gritaba a través de un megáfono, los oficiales con equipo antimotines se acercaron a la multitud para detener a otra manifestante.
Al ver que los agentes forcejeaban con su compañera, Kaden dio un paso adelante; en ese momento, un oficial accionó su arma de aire comprimido, impactando al joven en la cara.
El video captura cómo Kaden se desploma agarrándose el rostro mientras un agente lo arrastra por la camiseta sobre el pavimento, ignorando los gritos de los demás manifestantes que pedían que lo dejaran en paz.
Tras el incidente, Kaden fue trasladado a un hospital donde permaneció dos días y fue sometido a una cirugía reconstructiva de seis horas. Su tía, Jeri Rees, relató con dolor que los médicos encontraron un orificio en el globo ocular y múltiples fragmentos que aún intentan identificar. "No volveré a ver por mi ojo izquierdo, ni siquiera la luz", declaró el joven en un comunicado leído por sus compañeros.
A pesar de la gravedad de sus lesiones, la única respuesta legal que recibió al ser dado de alta fue una citación por "conducta desordenada".
Hoy el joven no tiene un ojo, y es voz viva de la represión de al que son víctimas los manifestantes en los Estados Unidos.