Tras una reñida contienda electoral contra Flávio Bolsonaro, Luiz Inácio Lula da Silva logró convertirse en el presidente electo de Brasil por cuarta ocasión. Durante la contienda electoral, la mano del mandatario se convirtió en un símbolo de su campaña y de los ideales de su partido después de que su contrincante se burló de que solo tenía nueve dedos.
El pasado domingo 25 de octubre se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en las que el presidente Lula da Silva se impuso por 4.43 millones de votos al senador de ultraderecha Flávio Bolsonaro. El hecho resultó sin precedentes, al ser la primera vez que un candidato que obtuvo una menor cantidad de votos en la primera vuelta logró convertirse en vencedor en la siguiente ronda.
Con la totalidad de las urnas escrutadas, Lula obtuvo el 51.79 % de los votos, es decir, 64 millones 256 mil 232 sufragios, contra los 56 millones 826 mil 41 que obtuvo Bolsonaro, de acuerdo con el Tribunal Superior Electoral de Brasil.
“Este país no acepta ser el patio trasero de nadie”, sostuvo Lula da Silva tras su triunfo electoral. Además, detalló que dicha segunda vuelta registró el menor número de abstenciones en la historia del país y agradeció a la gente que “salió a las calles para defender la democracia”.
Por otro lado, al referirse a su contrincante, señaló que fue una derrota para el “negacionismo y las mentiras”. “Debo confesar que, cada vez que participaba en un debate, sentía vergüenza (...) Jamás imaginé que una persona pudiera mentir tanto, tan descaradamente”, puntualizó el mandatario.
El pasado viernes 23 de octubre se realizó el último debate antes de la segunda vuelta, en el que participaron el ahora presidente electo Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro. El encuentro por sí solo generó debate en redes sociales; sin embargo, uno de los momentos más comentados fue cuando Bolsonaro llamó “nueve dedos” a Lula.
“No voy a permitir que un miliciano me llame ‘nueve dedos’... Vas a tener que pedir disculpas, porque el pueblo trabajador está viendo. Millones de trabajadores se accidentan por irresponsabilidad patronal que nos obliga a trabajar en jornadas en las que no deberíamos trabajar...”, puntualizó el presidente.
Además, explicó que cuando perdió su meñique era menor de edad y trabajaba en el turno nocturno, “porque trabajaba o no comía”, precisó. Tras su posicionamiento, Bolsonaro le pidió una disculpa por la expresión y aseguró que no fue su intención ofenderlo.
Este hecho se convirtió repentinamente en un símbolo dentro de la campaña de Lula, pues entre sus posturas principales como candidato presidencial estaba la reducción de las jornadas laborales.
Lula: “Yo era menor de edad y trabajaba de noche cuando perdí mi dedo, todo por culpa de la irresponsabilidad de los patrones que tenía. Yo no voy a aceptar que un terrorista paramilitar que es un inútil y que nunca trabajó en su vida, me llame 9 dedos”. Lula liquidó a Flavio Bolsonaro.
— Martín Dandach (@MartinDandach) October 24, 2026
En 1964, a sus 17 años, Lula era trabajador en una fábrica de tornillos en São Paulo, cuando, durante un turno nocturno, un torno mecánico le aplastó el dedo meñique de su mano izquierda. “Si fuera hoy, no lo habría perdido. Me haría un implante y colocaría un dedo mayor que este”, señaló el presidente en una entrevista para el diario El Mundo.
De acuerdo con Lula da Silva, el accidente ocurrió debido al descuido en el mantenimiento de dicho torno. Relató que uno de sus compañeros soltó el soporte de la máquina y fue así como le aplastó el dedo.
Al trabajar en un turno nocturno y debido a las demoras en la atención médica del sistema de salud público de Brasil, terminó siendo atendido hasta las 7 de la mañana, momento en que su dedo ya había quedado insalvable.
“Como era un peón, llegué a las tres de la mañana oliendo a overol de trabajo, oliendo a grasa. El médico me miró a la cara y dijo: ‘¿Para qué necesita 10 dedos un peoncito? Voy a quitártelo’. Y me quitó el muñón”, explicó Lula da Silva.
Solo cuatro años después del accidente, Lula comenzó su etapa de sindicalista dentro del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo. Aunque en un inicio mantuvo un perfil “despolitizado”, fue construyendo su figura política, que para 1987 le valió un asiento dentro del Senado y la presidencia de Brasil en 2003.