El pasado 29 de marzo, la policía israelí impidió que Pierbattista Pizzaballa, actual patriarca latino de Jerusalén, y el sacerdote de la iglesia del Santo Sepulcro, Francesco Lelpo, celebraran la misa de Domingo de Ramos. El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa denunciaron que se les negó entrar en la Basílica del Santo Sepulcro para celebrar la misa.
Los sacerdotes señalaron que es la primera vez que esto sucede en siglos. Advirtieron que se trató de una medida “grave e irrazonable”, alejada de los principios de libertad de culto en el país, además de alterar el respeto por el “Status Quo”.
El Patriarcado Latino de Jerusalén funciona como circunscripción eclesiástica de la Iglesia Católica en Tierra Santa, que abarca los países de Israel, Palestina, Jordania y Chipre. Su sede se encuentra en Jerusalén y actúa como una diócesis para la población católica, apoyando a esta comunidad a través de vicariatos, escuelas y parroquias.
Desde el 28 de febrero del presente año, día en que estalló la guerra de Irán contra Estados Unidos e Israel, el Gobierno de este último país prohibió las grandes concentraciones, incluidas las que tienen lugar en sinagogas, iglesias y mezquitas. Las autoridades anunciaron que los actos públicos se limitarían a un máximo de 50 personas.
Como resultado de esta medida impuesta por el gobierno israelí, el Patriarcado Latino advirtió, en un comunicado, que impedir celebrar el Domingo de Ramos en Jerusalén dictaba un “grave precedente”, pues demostraba una falta de consideración hacia la sensibilidad de las personas en el mundo que, durante los últimos días, han dirigido su mirada hacia lo que pasa en Oriente Medio.
Pizzaballa señaló que, atendiendo a esta medida, buscaba oficiar una misa privada durante el Domingo de Ramos, con tan solo tres personas presentes en la Basílica del Santo Sepulcro. Sin embargo, la policía israelí se lo impidió.
El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa que celebra la Iglesia Católica y conmemora la última entrada de Cristo a Jerusalén, donde fue recibido por miles de personas antes de ser crucificado y de su resurrección en Domingo de Pascua, según lo escrito en la Biblia de la Iglesia.
Por su lado, la policía israelí dijo en un comunicado que el Patriarcado Latino ya había enviado una petición para poder celebrar esta misa; sin embargo, no fue aprobada la solicitud, pues de acuerdo con el comunicado, la Ciudad Vieja y los lugares sagrados en ella son considerados un área completa que permite el fácil acceso de vehículos de rescate en caso de un atentado.
Ante la respuesta, distintas autoridades se posicionaron en contra de la prohibición de la celebración. El papa León XIV, líder supremo de la Iglesia Católica y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, emitió un comunicado en su cuenta de X, en el que declaró que, con el comienzo de la Semana Santa, su iglesia se encuentra más cerca que nunca de los cristianos de Oriente Medio, que han sufrido las consecuencias del conflicto armado.
Por otro lado, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, denunció que la prohibición era una ofensa no solo para los creyentes, sino para cualquier comunidad en el mundo que respete la libertad de culto. Además, anunció que convocará a una conversación con el embajador de Israel en su país.
Emmanuel Macron, presidente de Francia, condenó la decisión del gobierno israelí y señaló que la acción se suma a una "preocupante multiplicación de violaciones del estatuto de los Lugares Santos de Jerusalén".
Además, el episcopado en México hizo un llamado urgente a rechazar el uso de la religión como justificación del conflicto armado en Oriente Medio. Agregaron que “la paz no se construye desde la imposición o la violencia, sino desde el respeto, la justicia, el diálogo y la fraternidad”.
De acuerdo con la última información, Benjamín Netanyahu revocó la prohibición de entrada al Santo Sepulcro para poder realizar actos religiosos durante la Semana Santa. Según la Policía de Israel, se garantizó el acceso a los representantes de la Iglesia Católica para preservar las antiguas tradiciones.