En Chiapas se informó sobre la desaparición de los hermanos César e Ismael Ramírez León el pasado 24 de abril en el municipio de Amatenango del Valle, cuando se dirigían hacia un rancho de la comunidad San Caralampio Chavín para trabajar. Este no es un caso aislado en la entidad federativa, pues actualmente se vive un despunte de violencia en la región por la presencia de distintos cárteles que se encuentran en disputas por el territorio.
Ante la falta de respuestas, Norma Cecilia Gómez Ramírez y Ana Cristina, esposas de los desaparecidos, decidieron acudir a las inmediaciones del Palacio de Gobierno del estado para ser atendidas por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar o uno de sus representantes.
Las mujeres expresaron que, de acuerdo con testimonios, los hombres habían sido levantados presuntamente por un grupo de hombres armados en la carretera. Durante la búsqueda de César e Ismael, se encontró el celular de uno de ellos en las orillas de la autopista a la altura de San Caralampio; sin embargo, esta es la única pista que tienen sus familiares.
El pasado viernes 24 de abril, en los municipios de Nicolás Ruiz y Venustiano Carranza, se registraron diversos enfrentamientos armados entre grupos del crimen organizado, lo que provocó la muerte de distintos civiles, entre ellos: José Alfredo Jiménez Paredes y Luis Ángel Gómez Ramírez; Romero López Pérez y Raquel López Díaz resultaron heridos; y se reportó como desaparecido a Ángel Jiménez López.
Norma Cecilia y Ana Cristina expusieron que es probable que la desaparición de sus esposos esté relacionada con estos enfrentamientos registrados en la entidad federativa. Recalcaron que César e Ismael eran personas tranquilas, que no tenían conflicto con nadie ni relación con grupos del crimen organizado. Además, hicieron saber que se dedicaban al campo, a labores de albañilería y tenían cargos dentro de una iglesia cristiana.
Se tiene registro de que, el mismo día que desaparecieron los hermanos Ramírez León, otras tres personas no fueron localizadas: Felipe Gómez Gómez, Santos Bautista Bautista e Ignacio Cruz Bautista.
Mientras los familiares de las personas desaparecidas esperan respuestas, Chiapas enfrenta una de las crisis de violencia más fuertes por la presencia de grupos delictivos que pertenecen al crimen organizado. De acuerdo con un informe de la asociación civil Fomento Económico de Chiapas, el 64.4% de la población de Tuxtla Gutiérrez percibe como insegura a la entidad, por arriba de la percepción a nivel nacional.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), tan solo de 2020 a 2025 se registraron 3,231 homicidios dolosos en dicha entidad. Según la información, la violencia criminal se agudizó por la presencia del Cártel de Sinaloa, el Cártel de Chiapas y Guatemala, y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
La presencia de estos grupos criminales no se limita a delitos relacionados con el tráfico de drogas, sino también a actividades ilícitas como la tala ilegal, producción agrícola, cobro de derecho de piso y vigilancia de rutas comerciales.
Actualmente, los municipios que se mantienen en alerta por disputas entre grupos criminales y el control económico ejercido por ellos mismos son Cintalapa, Jiquipilas, Ocozocoautla, Arriaga y Villaflores; en estas zonas se han aumentado los operativos debido a hechos de alto impacto.
Por otro lado, se ha registrado que la violencia en contra de la mujer también ha tenido un repunte considerable: tan solo en el primer trimestre de 2026 se reportaron 14 casos de feminicidio y un aumento del 44% en delitos de abuso sexual.
Aunque autoridades de la entidad han expuesto que los índices de violencia han disminuido, los datos presentados dejan claro el escenario actual de Chiapas, marcado por una transición debido a la presencia de los cárteles, que reconfiguran el territorio donde operan y cuáles son sus funciones.