Una ballena de aproximadamente 10 metros de longitud murió luego de quedar varada la mañana del martes 10 de marzo en la boca del estero de Lomas del Mar de Piaxtla, en el municipio de San Ignacio, Sinaloa. El hallazgo fue reportado por pescadores de la zona, quienes alertaron a las autoridades tras observar al cetáceo atrapado cerca de una zona rocosa mientras el fuerte oleaje lo golpeaba contra las piedras.
Tras el reporte, al sitio acudieron elementos de Protección Civil y de Seguridad Pública del municipio de San Ignacio para evaluar la situación y resguardar el área. También se notificó a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), instancia responsable de atender este tipo de contingencias relacionadas con mamíferos marinos.
Especialistas y biólogos de instituciones académicas, entre ellas la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Nacional Autónoma de México, fueron contactados para apoyar en la evaluación del animal y determinar las acciones necesarias para su rescate o atención. La presencia de expertos forma parte del protocolo de atención a varamientos de mamíferos marinos que se activa en estos casos.
En imágenes difundidas por habitantes de la zona se observa al ejemplar parcialmente inmóvil cerca de la orilla, con evidentes golpes provocados por el constante impacto contra las rocas debido a la intensidad del mar.
El maestro en ciencias Omar Guzón, director del Museo Nacional de la Ballena, informó que cuando especialistas lograron llegar al sitio para revisar al animal, este ya había fallecido. Explicó que, aunque los cetáceos viven y mueren en el mar, las causas exactas de la muerte solo pueden determinarse mediante estudios especializados como una necropsia.
Entre las posibles causas se contemplan enfermedades, edad avanzada, daños internos o incluso un posible golpe con una embarcación. Sin embargo, el especialista señaló que realizar una necropsia en este caso resultaba complicado debido a las condiciones del lugar donde quedó el cuerpo, el fuerte oleaje y la falta de acceso para maquinaria pesada que permitiera manipular o trasladar al animal.
Ante esta situación, las autoridades y especialistas determinaron que la mejor opción era sepultar el cuerpo en la misma zona para evitar riesgos sanitarios derivados de su descomposición.
Antes de que se confirmara la muerte del cetáceo, pescadores de la región intentaron ayudar al animal con la intención de regresarlo al mar, pero sus esfuerzos fueron insuficientes debido al gran tamaño y peso de la ballena, además de la falta de equipo adecuado para moverla.
Especialistas recordaron que durante esta época del año es común observar ballenas cerca de las costas del Pacífico mexicano. En Mazatlán, por ejemplo, la temporada de avistamiento se extiende normalmente de diciembre a marzo, cuando estos mamíferos marinos se acercan a la zona atraídos por la abundancia de alimento.
Finalmente, autoridades y expertos hicieron un llamado a la población para no acercarse ni intentar manipular ballenas varadas o heridas, ya que esto puede representar riesgos tanto para las personas como para los propios animales, y recomendaron reportar cualquier caso de inmediato a las autoridades correspondientes para que personal capacitado pueda atender la situación.