La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó este domingo el primer vehículo eléctrico mexicano denominado Olinia 1, un automóvil compacto que, de acuerdo con el Gobierno federal, entró ya en fase de producción y comenzará a circular en el verano de 2027 con un precio estimado de 150 mil pesos.
La presentación se realizó en uno de los hangares de la Base Aérea Militar de Santa Lucía, en el Estado de México, donde la mandataria apareció al volante del vehículo y destacó que el proyecto representa “la visión de un México que aprovecha la inteligencia y la creatividad de sus jóvenes para incorporarse plenamente al desarrollo digital y tecnológico que está transformando al mundo a partir de nuestro propio camino”.
El Olinia 1 fue mostrado como un automóvil urbano de tamaño compacto, con capacidad de hasta seis pasajeros y adaptado para transportar a personas en silla de ruedas. El Gobierno federal lo presentó como parte de una estrategia de movilidad eléctrica nacional y como un ejemplo de innovación tecnológica desarrollada en México.
Sin embargo, la presentación del vehículo también reavivó una serie de cuestionamientos y críticas que comenzaron a circular desde mayo de este año, cuando usuarios en redes sociales y especialistas señalaron que el proyecto no sería completamente mexicano y que parte esencial de su desarrollo habría sido realizada en colaboración con empresas chinas especializadas en vehículos eléctricos.
Las dudas surgieron luego de que se difundiera un registro de viaje del doctor Julio César Solano Vargas, integrante del proyecto Olinia, quien habría viajado de Querétaro a China entre el 7 y el 31 de diciembre de 2025 para fungir como “intermediario técnico de ingeniería” entre las compañías Dayang y Henrey. El objetivo del viaje, según los documentos difundidos, habría sido participar en la “determinación en el diseño de los componentes finales del sistema de tren de potencia”.
A partir de ello, críticos del proyecto señalaron que componentes clave del vehículo, como el motor eléctrico, el sistema de carga, el embrague y la transmisión, habrían sido diseñados por las compañías chinas involucradas en el proceso. Esto provocó cuestionamientos sobre el verdadero nivel de participación mexicana en el desarrollo del automóvil, especialmente porque el Gobierno ha promovido el proyecto como el “primer vehículo eléctrico mexicano”.
Las críticas aumentaron debido a las similitudes físicas entre el Olinia 1 y otros vehículos producidos en China. Entre los modelos más mencionados se encuentra la furgoneta Chengshi Matrix 1, así como la Dayang Chok S6, fabricada precisamente por una de las empresas que habría colaborado en el desarrollo técnico del Olinia.
Usuarios y especialistas han comparado fotografías y características de los tres vehículos, señalando coincidencias en diseño exterior, dimensiones y estructura. Esto llevó a algunos sectores a acusar que el Olinia podría tratarse de una adaptación o reconfiguración de plataformas ya existentes en el mercado chino más que de un vehículo desarrollado completamente desde cero en México.
A la controversia sobre su origen se sumó otro punto que ha generado debate: el cumplimiento de las normas de seguridad vehicular en México. Actualmente, todos los automóviles comercializados en el país deben cumplir con la NOM-194-SE-2021, norma que establece requerimientos mínimos de seguridad para vehículos ligeros.
Entre los elementos obligatorios contemplados por la norma se encuentran sistemas de frenos ABS, control electrónico de estabilidad y monitoreo de presión de neumáticos, además de otros dispositivos de protección para conductores y pasajeros.
Sin embargo, de acuerdo con las críticas difundidas tras la presentación, el Olinia no cuenta con bolsas de aire ni frenos ABS, situación que generó dudas sobre cómo podría ser autorizado para su comercialización en México.
A raíz de ello, opositores y analistas cuestionaron si el proyecto estaría vinculado a posibles modificaciones regulatorias o esquemas especiales que permitirían su venta pese a no cumplir con todos los estándares actualmente obligatorios.
Otro aspecto que ha cambiado desde el anuncio inicial del proyecto es el precio. Cuando el programa Olinia fue presentado por primera vez, la meta planteada por sus impulsores era ofrecer un automóvil eléctrico de “ultrabajo costo” cercano a los 90 mil pesos, cifra que fue utilizada como uno de los principales argumentos para promoverlo como una alternativa accesible para millones de mexicanos.
No obstante, Roberto Capuano Tripp, coordinador del proyecto Olinia, confirmó posteriormente durante un webinar organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana que el precio final del vehículo rondará los 150 mil pesos.
Con ello, el costo proyectado del automóvil aumentó alrededor de 60 mil pesos respecto a la meta original, acercándose incluso al precio de los modelos chinos con los que ahora es comparado. La Chengshi Matrix 1, por ejemplo, tendría un costo aproximado de 145 mil pesos, es decir, cerca de 5 mil pesos menos que el Olinia.
Aunque las autoridades mantienen el discurso de que el proyecto busca consolidar una industria nacional de movilidad eléctrica y democratizar el acceso a este tipo de vehículos, las críticas sobre el verdadero origen tecnológico del automóvil, sus estándares de seguridad y el incremento en el precio han colocado al Olinia en el centro de la discusión pública incluso antes de su salida oficial al mercado.
El Gobierno federal sostiene que el vehículo representa un paso importante para el desarrollo tecnológico nacional y la transición hacia energías limpias. Sin embargo, especialistas y usuarios continúan cuestionando si el proyecto realmente constituye una innovación mexicana o si se trata principalmente de un ensamblaje adaptado a partir de tecnología ya existente en China, además de advertir que cualquier flexibilización en materia de seguridad vehicular podría generar un precedente polémico para la industria automotriz mexicana.