La credibilidad del certamen internacional de belleza Miss Universo atraviesa uno de sus momentos más complicados, luego de que crecieran las dudas sobre la legitimidad de la coronación de la mexicana Fátima Bosch y se intensificaran los señalamientos contra el empresario Raúl Rocha Cantú, copropietario y presidente de la organización.
La polémica ha escalado más allá de las críticas habituales que suelen acompañar a los concursos de belleza. Diversos cuestionamientos apuntan a un presunto conflicto de interés en la elección de la ganadora de Miss Universo 2025, debido a supuestos vínculos empresariales entre Rocha Cantú y la familia de Bosch, situación que ha alimentado las sospechas de favoritismo dentro del certamen.
De acuerdo con la columna La corona abollada, publicada por el periodista Manuel López San Martín, la controversia ya no gira únicamente en torno a la coronación de Bosch, sino al riesgo de que la imagen de la actual Miss Universo quede ligada a una organización inmersa en conflictos legales y una creciente pérdida de credibilidad.
El testimonio de una mujer que hasta hace poco formó parte de su círculo más íntimo, buena parte de sus giras nacionales e internacionales serían financiados mediante cenas privadas y convivencias exclusivas con supuestos empresarios, políticos y personajes con capacidad económica para pagar por su presencia, los encuentros no necesariamente responde a fines comerciales relacionados con el certamen, sino al interés personal de quienes pagan por convivir con quien hoy ostenta la corona. La misma fuente sostiene que, ante la ausencia de patrocinadores visibles y de nuevas marcas interesadas en asociarse con Miss Universo, este esquema se habría convertido en la principal fuente de ingresos para mantener activas las giras y actividades de la organización.
En el centro de la tormenta se encuentra Raúl Rocha Cantú, empresario regiomontano que adquirió una participación accionaria en la organización de Miss Universo en 2024. En los últimos meses, su nombre ha sido relacionado con investigaciones por presuntos delitos de delincuencia organizada, tráfico de combustible, armas y otros ilícitos, acusaciones que él ha rechazado públicamente. Las indagatorias continúan en curso y no existe una sentencia judicial en su contra.
Las controversias también alcanzaron el interior del concurso. Exintegrantes y exjueces del certamen han denunciado presuntas presiones e irregularidades durante el proceso de selección de la ganadora, mientras que antiguos directivos han cuestionado la transparencia de la organización.
A ello se suma una crisis reputacional que amenaza con afectar el prestigio de una marca que durante décadas fue considerada la máxima plataforma internacional de belleza. Analistas y observadores del certamen advierten que el verdadero desafío para Miss Universo no será responder a una sola polémica, sino recuperar la confianza del público, patrocinadores y participantes.
Mientras tanto, la organización enfrenta una creciente presión para transparentar sus procesos internos y deslindarse de los escándalos que rodean a sus directivos. Lo que alguna vez fue símbolo de glamour y proyección internacional, hoy enfrenta cuestionamientos que amenazan con dejar una marca permanente en su historia.