En medio de una enorme expectativa internacional y un panorama social complejo en los días previos, la ceremonia de inauguración de la Copa Mundial de la FIFA en el emblemático Estadio Azteca, ahora Estadio Ciudad de México, se consolidó como un éxito logístico, desarrollándose de manera pacífica, ordenada y libre de incidentes que pudieran provocar contratiempos en la fiesta del fútbol.
Durante las semanas anteriores al arranque del torneo, la capital mexicana experimentó una intensa actividad civil. Diversos sectores de la sociedad, incluyendo al gremio de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y los colectivos de madres buscadoras, se movilizaron para aprovechar la mirada del mundo y visibilizar las problemáticas sociales del país.
No obstante, durante la jornada inaugural, las autoridades locales y federales permitieron la libre manifestación de las agrupaciones sin interferir en ningún momento con el desarrollo del evento deportivo.
Desde las primeras horas del día, las inmediaciones del coloso de Santa Úrsula se llenaron de aficionados nacionales y extranjeros, para posteriormente abarrotar las vías de acceso en un ambiente de sana convivencia y celebración.
El blindaje de seguridad civil y los estrictos controles de vialidad funcionaron con precisión cronométrica, garantizando que el flujo de los asistentes, los cuerpos diplomáticos y los autobuses de las selecciones nacionales arribaran al inmueble en los tiempos establecidos por los organizadores.
La producción de la ceremonia de apertura cumplió con los estándares más exigentes de la FIFA, desplegando un espectáculo audiovisual que rindió homenaje a las raíces prehispánicas y a la riqueza cultural del país. Además contó con números musicales de: Lila Downs, Maná, Danny Ocean, Belinda, Los Ángeles Azules, J Balvin, Shakira y Andrea Bocceli.
El evento transcurrió con fluidez técnica, lo que sirvió como preámbulo para el partido inaugural en el que la Selección Mexicana triunfó con un 2-0 ante el combinado de Sudáfrica,que derivó en la euforia de los asistentes en una tribuna que mantuvo un ambiente familiar.
Con este saldo blanco y una organización que no reportó alteración alguna, México superó su primera prueba de fuego como anfitrión. La jornada del debut mundialista confirmó la capacidad de infraestructura del país para albergar eventos categoría global, además de demostrar que la pasión por el deporte y las demandas sociales pueden coexistir en un marco de respeto.