La mayor crisis migratoria registrada en la frontera entre Marruecos y el enclave español de Ceuta comenzó a finales de julio de este año, cuando una ola de publicaciones en Instagram, Facebook, TikTok y grupos de WhatsApp hizo creer a miles de personas que la frontera estaba prácticamente abierta y que llegar a territorio español significaba tener la posibilidad de permanecer en Europa. Los mensajes incluían supuestas rutas para cruzar a nado, horarios en los que había menos vigilancia, ubicación de patrullas de guardacostas e interpretaciones erróneas de una reciente sentencia del Tribunal Supremo de España sobre las devoluciones inmediatas de migrantes que llegan por mar. La información se difundió con tanta rapidez que, en cuestión de horas, miles de jóvenes comenzaron a movilizarse hacia la ciudad marroquí de Fnideq, situada junto a Ceuta, convencidos de que era una oportunidad única para cruzar.
Los autobuses, trenes y taxis que conectan distintas regiones de Marruecos con Fnideq se saturaron rápidamente. Decenas de miles de personas llegaron a la zona fronteriza en apenas unos días. Muchos intentaron cruzar nadando alrededor del espigón que separa Marruecos de Ceuta, mientras otros buscaron diferentes accesos terrestres. La magnitud del movimiento sorprendió tanto a las autoridades marroquíes como a las españolas, que no esperaban un desplazamiento humano de semejante tamaño en tan poco tiempo. Diversas estimaciones oficiales sitúan la llegada de alrededor de 60 mil personas a Ceuta durante el momento más crítico de la crisis, una cifra extraordinaria si se considera que la ciudad española tiene poco más de 80 mil habitantes.
El resultado fue un colapso sin precedentes de los servicios de emergencia, de las instalaciones de acogida y del sistema de seguridad fronteriza. Las autoridades confirmaron la muerte de más de 80 migrantes. Algunas personas fallecieron ahogadas mientras intentaban alcanzar la costa española y otras murieron durante estampidas y aglomeraciones generadas por el caos en los puntos de acceso. Decenas más resultaron heridas y miles quedaron varadas sin alimentos, refugio suficiente o atención inmediata.
Las investigaciones posteriores concluyeron que el detonante principal fue una campaña masiva de desinformación difundida en redes sociales. Muchas publicaciones aseguraban falsamente que España había dejado de devolver a quienes llegaran por mar y que existía una oportunidad excepcional para entrar a Europa. Aunque la sentencia del Tribunal Supremo español sí modificó aspectos jurídicos relacionados con las devoluciones inmediatas de quienes acceden nadando a Ceuta, en ningún momento implicó una apertura de fronteras ni garantizaba permisos de residencia. Sin embargo, ese cambio legal fue sacado de contexto y utilizado para alimentar rumores que se viralizaron entre miles de jóvenes marroquíes.
España reforzó inmediatamente la presencia de la Guardia Civil, del Ejército y de los servicios de emergencia en Ceuta. Paralelamente, Marruecos incrementó los controles en Fnideq y otras zonas cercanas a la frontera para impedir nuevos desplazamientos masivos. En los días siguientes, la gran mayoría de quienes habían logrado entrar regresó voluntariamente o fue devuelta a Marruecos mediante los mecanismos de cooperación existentes entre ambos países. A principios de agosto, alrededor de 69 mil 500 personas ya habían abandonado Ceuta, aunque varios miles permanecían allí mientras se resolvía su situación, entre ellos numerosos menores de edad.
La crisis también tuvo consecuencias políticas en Europa. Los ministros del Interior de la Unión Europea convocaron reuniones de emergencia para analizar lo sucedido y acordaron reforzar la cooperación contra las redes de tráfico de personas, mejorar el intercambio de información entre países y vigilar con mayor atención las campañas de desinformación en redes sociales capaces de provocar movimientos migratorios masivos. Además, varios gobiernos europeos reclamaron endurecer la protección de las fronteras exteriores del bloque y revisar los procedimientos de devolución de migrantes.
Aunque tanto España como Marruecos señalaron la responsabilidad de las redes de traficantes de personas, numerosos migrantes afirmaron que no habían sido contactados por mafias, sino que decidieron emprender el viaje después de ver publicaciones virales en redes sociales y escuchar testimonios de conocidos. Esto convirtió al episodio en uno de los ejemplos más claros del impacto que puede tener la desinformación digital sobre los movimientos migratorios contemporáneos.
Sin embargo, los rumores por sí solos no explican por qué decenas de miles de personas estuvieron dispuestas a arriesgar la vida. Diversos especialistas coinciden en que el contexto económico de Marruecos fue un factor determinante. El país enfrenta desde hace años un elevado desempleo juvenil, especialmente entre quienes cuentan con estudios universitarios. Muchos jóvenes encuentran enormes dificultades para acceder a empleos estables y bien remunerados, mientras que el aumento del costo de vida, la inflación y la falta de oportunidades han incrementado el deseo de emigrar hacia Europa. Para una parte importante de la población, especialmente en el norte del país, Ceuta representa la puerta de entrada más cercana al continente europeo y una posibilidad de encontrar mejores condiciones económicas.