Nueva York vivió este lunes un episodio inusual tras una ventisca histórica que mantuvo a la ciudad paralizada casi 24 horas bajo un intenso manto blanco. Con más de 30 centímetros de nieve acumulados en varios puntos y un estado de emergencia declarado por las autoridades, la ciudad que nunca duerme experimentó una calma poco habitual mientras intentaban retomar sus actividades cotidianas.
Al cesar la nevada y con el cielo despojándose gradualmente, cientos de neoyorquinos se dirigieron a Washington Square Park, en el corazón de Manhattan, donde una convocatoria en redes sociales derivó en lo que muchos describieron como una verdadera “batalla campal” de bolas de nieve. Alrededor de varias personas, mayoritariamente jóvenes, se lanzaron proyectiles helados al grito de “Let's go”!, transformando el parque en un improvisado escenario de juego extremo.
El ambiente entre risas y adrenalina grupos de participantes se subieron a los árboles y estructuras del parque para atacar a sus oponentes, mientras otros se quitaban las capas de abrigo empapadas por la nieve, desafiando el intenso frío para seguir jugando. No obstante, la escena no fue exclusiva de los jóvenes: familias completas aprovecharon la jornada para construir muñecos de nieve, deslizarse y pasear con sus mascotas, muchas de ellas con chaquetas y botas especiales.
La ventisca que precedió a esta peculiar celebración invernal había obligado a las autoridades a suspender clases y prohibir el tránsito rodado en varias de las principales vías, además de activar múltiples “centros de calor” para ayudar a las personas sin hogar. El alcalde de la ciudad, Zohan Mamdani, señaló que se aplicaron lecciones aprendidas de tormentas anteriores, ampliando el operativo de limpieza de nieve y la asistencia social en medio de un clima que muchos calificaron como uno de los más severos de los últimos años.
A pesar de las efectos disruptivos del temporal, que también dejó miles de vuelos cancelados y afectó el transporte en toda la costa este del país, el episodio en el parque se viralizó rápidamente en redes sociales como un símbolo de resiliencia y sentido de comunidad en tiempo extremosos. Para muchos neoyorquinos, la jornada representó una mezcla de desafío y diversión, donde incluso después de la emergencia, la ciudad encontró espacio para convivir y celebrar la nieve que ahora cubre cada rincón urbano.