Fuente: Agencia México
Guillermo del Toro volvió a demostrar por qué es uno de los cineastas más queridos por el público. Durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde celebró el 20 aniversario de El laberinto del fauno, el director mexicano explicó de dónde viene la cercanía que mantiene con sus admiradores y compartió una anécdota de su infancia que marcó su manera de relacionarse con los fans.
En entrevista para Milenio, el cineasta reconoció que su amabilidad nace de su propia experiencia como admirador, pues tuvo la fortuna de conocer a varias de las figuras que idolatraba. Por eso, procura que cada encuentro con alguien que sigue su trabajo sea especial, consciente de que quizá esa persona no vuelva a tener otra oportunidad de acercarse a él.
“Yo creo que de ser fan. O sea, yo tuve la fortuna de conocer a muchísimos de mis ídolos. Y cuando alguien no, o sea, no me importa cómo esté tu día, si lo estás pasando mal o bien, esta es la única vez que yo te voy a ver. Y tiene que ser una oportunidad especial”.
Para explicar esta filosofía, Guillermo recordó el día en que conoció a Forrest J. Ackerman, editor de su revista favorita durante la infancia, Monstruos famosos del cine, publicación dedicada a las criaturas y las películas de terror que alimentaron su fascinación por el género. El encuentro dejó una huella en el director, no solo por la oportunidad de conocer a alguien a quien admiraba, sino por la calidez con la que fue recibido.
“O sea, yo me acuerdo conocer al editor de mi revista favorita de chiquito, que era Monstruos famosos del cine, Forrest Ackerman, lo conocí y era amabilísimo. Y me dijo: ‘Vamos a tomar un pie’. Y nos fuimos a tomar un pie de cereza con leche y nos volvimos amigos”.
La anécdota refleja cómo un gesto sencillo puede transformar un encuentro entre un admirador y una figura a la que sigue en un recuerdo imborrable. Para Del Toro, la disposición de Ackerman para compartir un momento con él fue una experiencia que vale la pena replicar ahora que es él quien despierta la admiración de miles de personas.
El cineasta también explicó que esa cercanía puede ir más allá de una fotografía, un autógrafo o una conversación breve, pues en ocasiones se convierte en el inicio de amistades y colaboraciones profesionales. Como ejemplo, mencionó a los hermanos Ambriz, creadores de Soy Frankelda, quienes primero se acercaron a él como fans y posteriormente establecieron una relación con el director a partir de su interés compartido por los efectos especiales.
“Y yo creo que es importante, por ejemplo, los Ambriz empezaron como fan conmigo. Me escribieron a una dirección que tenían en Hotmail, les contesté, platicamos de efectos especiales y me encantan. O sea, a veces salen alianzas bonitas de ahí”.
Para Guillermo, estos encuentros merecen ser atendidos con autenticidad y buena disposición. Considera que, si una persona deja de disfrutar el contacto con quienes admiran su trabajo, lo mejor es tomar distancia en lugar de recibirlos de mala gana. Incluso recordó una frase de su madre para explicar por qué la actitud con la que uno se presenta ante los demás importa.
“Yo creo que ese momento merece ser vivido muy presente. Cuando ya no disfrutas eso, ya no hagas lo que haces. O no salgas. Quédate en tu casa. Si vas a como decía mi mamá: ‘Si vas a estar de malas, mejor quédate’. ¿No te lo decía tu mamá a ti? ‘Si vas a estar así, mejor quédate en la casa’”.
Así, en el marco de los 20 años de El laberinto del fauno, Del Toro compartió una faceta personal que ayuda a entender su relación con el público. Su trato con los admiradores no responde únicamente a una cuestión de cortesía: también es una forma de devolver la atención y el cariño que él recibió cuando era un niño apasionado por el cine fantástico y tuvo la oportunidad de conocer a uno de sus propios ídolos.
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