A pesar del contexto de inseguridad que enfrenta el estado, Sinaloa se posicionó como uno de los destinos más visitados durante las vacaciones de Semana Santa 2026, generando sorpresa, debate y contrastes que reflejan una realidad compleja.
De acuerdo con cifras del sector turístico, más de 2.6 millones de visitantes arribaron a la entidad durante el periodo vacacional, superando expectativas oficiales. El principal foco de atracción fue Mazatlán, donde la ocupación hotelera rebasó el 80 por ciento y las playas lucieron abarrotadas. Restaurantes, bares y centros recreativos operaron a máxima capacidad, dejando una derrama económica estimada en miles de millones de pesos.
Este incremento en la actividad turística ocurre en medio de un panorama marcado por hechos de violencia relacionados con el crimen organizado, situación que ha sido constante en la región en los últimos años. Sin embargo, lejos de ahuyentar por completo a los visitantes, el flujo turístico —principalmente nacional— se ha mantenido sólido, impulsado por la cercanía geográfica y la tradición vacacional de miles de familias del norte del país.
Autoridades estatales implementaron operativos especiales de seguridad en carreteras, zonas hoteleras y playas, con la participación de fuerzas federales, estatales y municipales. Estas acciones buscaron garantizar la tranquilidad de los turistas y reforzar la percepción de seguridad en los principales destinos.
Especialistas señalan que este fenómeno responde, en parte, a una “normalización del riesgo”, donde los viajeros diferencian entre zonas con altos índices delictivos y áreas turísticas consideradas seguras. A ello se suma el atractivo natural y la oferta de entretenimiento que mantiene a Sinaloa como una opción competitiva frente a otros destinos del país.
Así, el estado vive una marcada paradoja: mientras persisten los retos en materia de seguridad, sus playas continúan llenas. Una postal que evidencia cómo el turismo puede prosperar incluso en escenarios adversos.