El sarampión mantiene su avance en México y las cifras más recientes confirman una tendencia preocupante. En tan solo 24 horas se registraron 204 nuevos contagios, lo que eleva el total acumulado desde 2025 a 11 mil 266 casos confirmados en el país. De ese total, 6 mil 444 corresponden únicamente a lo que va de 2026.
El incremento acelerado de contagios ha encendido las alertas sanitarias, pues el sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que puede derivar en complicaciones graves, especialmente en niñas y niños menores de cinco años, personas no vacunadas y pacientes con sistemas inmunológicos comprometidos.
Especialistas en salud pública señalan que el repunte podría estar relacionado con la baja cobertura de vacunación registrada en los últimos años, así como con la movilidad poblacional y la desinformación sobre la importancia de completar los esquemas de inmunización. El virus se transmite por vía aérea y puede permanecer activo en superficies y en el ambiente durante varias horas, lo que facilita su propagación.
Las autoridades sanitarias han reiterado el llamado a revisar la Cartilla Nacional de Salud y acudir a los centros médicos para completar el esquema correspondiente, particularmente la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis.
Aunque en décadas pasadas México logró mantener controlada esta enfermedad mediante campañas masivas de vacunación, el escenario actual refleja un retroceso en los indicadores epidemiológicos. Expertos advierten que, de no fortalecerse las estrategias de prevención, el número de casos podría seguir aumentando en las próximas semanas.
El monitoreo epidemiológico continúa activo y las autoridades han pedido a la población mantenerse informada a través de canales oficiales, evitar la automedicación y acudir al médico ante síntomas como fiebre alta, erupciones en la piel, tos persistente y conjuntivitis.
El comportamiento del sarampión en 2026 plantea un nuevo reto para el sistema de salud mexicano, que enfrenta la necesidad urgente de reforzar la vacunación y contener la propagación de una enfermedad prevenible.