Diana Sánchez Barrios, diputada de Morena presentó el jueves 12 de febrero una iniciativa en el Congreso de la Ciudad de México para que el 16 de noviembre de cada año sea declarado oficialmente como el Día del Sonidero en la capital del país, con el objetivo de reconocer institucionalmente una de las expresiones culturales más arraigadas en barrios populares de la ciudad. La propuesta fue turnada a la Comisión de Normatividad, Estudios y Prácticas Parlamentarias para su análisis y posible dictamen.
Durante la sesión en la sede legislativa, Sánchez Barrios argumentó que la cultura sonidera no es simplemente un entretenimiento musical, sino una práctica social profundamente vinculada al territorio, al barrio y a la comunidad organizada en torno al sonido, al baile y a los tradicionales saludos al micrófono.
La diputada destacó que esta forma de expresión cultural ha sido una “apropiación cultural del espacio público”, donde las calles, la esquina y el sonido dejan de ser tránsito o ruido para convertirse en puntos de encuentro, identidad y memoria colectiva para muchas comunidades. Señaló que en zonas como Tepito, La Lagunilla, Peñón de los Baños, San Juan de Aragón, Agrícola Oriental, San Miguel Teotongo y Lomas Estrella, entre otras, el sonidero representa una práctica viva que transmite saberes de generación en generación y afirma la existencia de familias y barrios.
Además del valor cultural, Sánchez Barrios subrayó que el movimiento sonidero ha sido espacio de inclusión donde participan mujeres, juventudes, personas de la diversidad sexual, migrantes y comunidades indígenas urbanas, y también ha generado dinámicas de economía popular alrededor de la música, el comercio y la organización de eventos comunitarios.
Con motivo de presentar la iniciativa, la legisladora encabezó un baile sonidero improvisado frente al recinto del Congreso capitalino, en el que participaron también los diputados Juan Rubio Gualito (Morena) y Rebeca Peralta (PVEM). El gesto fue parte de un acto simbólico para impulsar la propuesta y visibilizar el movimiento sonidero, que en años recientes ha trascendido de las esquinas y fiestas de barrio a eventos culturales más amplios en la ciudad.
El movimiento sonidero es una expresión popular que surgió en México hace más de seis décadas y que combina la mezcla de ritmos tropicales, cumbia, salsa y otros géneros con la labor de operadores de sonido que animan fiestas, ferias y encuentros comunitarios con música, luces y el uso distintivo del micrófono para saludar a asistentes y nombrar espacios o personas. Este fenómeno cultural ha sido reconocido como una parte importante de la identidad urbana de la Ciudad de México y otras regiones, y ha ganado visibilidad como patrimonio cultural inmaterial en algunos contextos debido a su arraigo social y su papel en la vida de barrios populares.
La iniciativa propone que ese día se sume a otras efemérides culturales oficiales en el calendario capitalino, reforzando el reconocimiento a expresiones que han surgido de manera autónoma y no siempre han tenido acceso a espacios culturales formales.
En redes sociales y plataformas digitales, la propuesta generó opiniones encontradas. Por un lado, algunos usuarios celebraron el reconocimiento de una tradición cultural popular que para ellos simboliza identidad, comunidad y orgullo barrial; señalaron que es positivo que se visibilicen expresiones culturales urbanas que durante décadas no contaron con respaldo institucional. Por otro lado, varios internautas criticaron que, en medio de desafíos urbanos cotidianos como seguridad, movilidad, servicios públicos y problemas sociales de la ciudad, algunos legisladores optaron por un acto que calificaron como menos urgente o prioritario, e incluso cuestionaron el uso de recursos públicos para actos festivos en vez de abordar temas que consideran de primera necesidad. Algunos comentarios señalaron que, en su opinión, “mientras la ciudad lidia con problemas diarios, algunos diputados decidieron que lo urgente era armar el baile con presupuesto público”, reflejando un sentimiento crítico hacia lo que perciben como prioridades legislativas desalineadas con las necesidades ciudadanas.
Hasta el momento, la iniciativa está en análisis en comisiones parlamentarias y no ha sido aprobada formalmente; su inclusión en el calendario oficial de efemérides culturales dependerá de los dictámenes y acuerdos que se generen en las siguientes semanas o meses.