El escalador estadounidense Alex Honnold volvió a desafiar los límites de lo posible al escalar sin cuerdas ni dispositivos de protección el icónico rascacielos Taipéi 101 en la capital de Taiwán, un evento que ha marcado un hito en la historia de la escalada urbana y que fue transmitido en vivo por Netflix bajo el título “Skyscraper Live”.
El pasado domingo 25, Honnold emprendió el ascenso de los 508 metros y 101 pisos de la torre, uno de los edificios más emblemáticos del mundo contemporáneo.
Vistiendo una camiseta roja y zapatos de escalada personalizados, Honnold completó la proeza en aproximadamente 1 hora y 30 minutos, reduciendo a menos de la mitad el tiempo del antecedente más cercano: la ascensión con cuerdas del francés Alain Robert en 2004. A lo largo de la transmisión —emitida con un retraso de seguridad de 10 segundos— el público global siguió con tensión cada movimiento del atleta, quien se apoyó únicamente en pequeñas salientes metálicas y ornamentos arquitectónicos para avanzar hacia la cima.
Miles de personas se reunieron en las calles aledañas a Taipéi 101 para presenciar el desafío en vivo, y en varios momentos los espectadores dentro del edificio animaron a Honnold al pasar por ventanas y balcones. En la cúspide, el escalador celebró su logro con un simple “Sick”, una expresión de entusiasmo que rápidamente se volvió viral.
La hazaña ha
generado tanto admiración como debate. Por un lado, muchos elogian la
impresionante destreza física y mental de Honnold —quien saltó a la fama por su
histórico ascenso sin cuerda de El Capitán en Yosemite, documental premiado con
un Oscar— consolidándolo como una de las mayores figuras de la escalada
extrema. Por otro lado, críticos y parte de la comunidad escaladora cuestionan
la ética de televisar en vivo un acto con riesgo potencial mortal, señalando
que este tipo de espectáculos pueden normalizar conductas de riesgo
innecesarias y vulnerables a espectadores menos experimentados.
Con este nuevo logro, Alex Honnold no solo amplía su legado en el mundo de la escalada, sino que también impulsa un intenso debate global sobre los límites entre el deporte extremo, el entretenimiento televisado y la responsabilidad ética en la difusión de actos de alto riesgo.